“Y que no me digan en la esquina…”

“Y que no me digan en la esquina…”

Por Psic. Daniel Vázquez Montaño

El tema de la infidelidad es un tema tabú. De acuerdo a las estadísticas, la mayoría de nosotros hemos sido infieles alguna vez y a la mayoría de nosotros, igualmente, alguna vez nos han sido infieles. Y a pesar de la frecuencia de esta realidad social, prácticamente no hablamos del tema.

En mi opinión, creo que es muy importante hablar abiertamente del tema, sobre todo porque es un hecho que causa mucho dolor, no solo en la persona engañada, sino muchas veces en toda la familia, ya que resulta en ruptura o divorcio. Ese es otro tema.

Perdonar o no perdonar; quedarte o no quedarte en tu matrimonio después de una infidelidad. Se ha dicho que antes, en la generación de nuestros padres y abuelos, vergüenza era divorciarse, hoy en día, la nueva vergüenza es quedarse y luchar por el matrimonio y familia después de una infidelidad.

“Mándalo a volar, amiga, no te merece”, pueden ser los comentarios de muchas amistades bien intencionadas. En el hombre es más difícil aún, debido a nuestra cultura de doble moral. Siendo jóvenes y sin hijos es más fácil tomar una decisión frente al tema, pero es muy diferente cuando hay una familia de por medio.

Fabiola, una cliente (en mi práctica clínica no acostumbro emplear la palabra paciente, ya que mis clientes no padecen ninguna enfermedad, sino más bien problemas), después de haber descubierto que su esposo le había sido infiel, me confesó en una sesión: “Yo era de esas personas que juraba que jamás perdonaría una infidelidad, y sin embargo ahora me encuentro luchando con todas mis fuerzas por mi matrimonio, lista a perdonarlo todo”.

No es mi primer cliente en hacer una declaración similar. Otra confesión interesante que he escuchado en consulta, tiene que ver con la responsabilidad que asume la persona que sufre la infidelidad. Alberto, que acudió conmigo después de descubrir su esposa le había sido infiel, comentó en una ocasión: “Debo aceptar que en gran medida la descuidé”.

La honesta confesión de Alberto tiene que ver con una de las principales causas detrás de la mayoría de las infidelidades: no puedes abandonar a tu pareja sexual o emocionalmente, y al mismo tiempo esperar que te sea fiel. Estos dos aspectos tienen que ver con necesidades humanas básicas que no podemos dejar para después.

Ahora, una pregunta que me hacen frecuentemente: ¿eso justifica una infidelidad?, de ninguna manera, pero sí la explica. Nos permite entender los motivos detrás de una conducta. El noventa por ciento de los casos que veo en consulta tienen que ver con algún tipo de carencia o padecimiento en la relación.

Siempre existe algún tipo de abandono o maltrato previo a la infidelidad, que pueden ser mutuos o unilaterales. Todo esto sale a la luz después de descubrirse un engaño y si se maneja con la asesoría correcta, este tipo de crisis puede ser una verdadera oportunidad para el matrimonio y para la familia.

*Los nombres de los clientes han sido cambiados para proteger su identidad.

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