Triangulación: “Se lo digo a Juan, para que entienda Pedro”

Triangulación: “Se lo digo a Juan, para que entienda Pedro”

Por Mayra Medina De Hijar

Cuántos de nosotros no vivimos ese rítmico vaivén que nuestros padres magistralmente ejecutaban, mientras nos decían frases como: “Ve dile a tu papá que ya está la comida” o “pregúntale a tu mamá si ya no ocupa el salero”.

A nuestra temprana edad, simplemente seguíamos las indicaciones de nuestras figuras de autoridad base, nuestros padres, aunque manteníamos esa expresión en la cara de: “¿Por qué no le dice directamente, si están frente a frente?”. Pues bien, este danzar es a lo que llamamos: triangulación.

Usando el ejemplo de esta escena familiar, notamos cómo el hijo enlaza dos puntos de comunicación, su intervención aparentemente une pero lo cierto es que desvía y mantiene al mismo tiempo, una aparente calma que en realidad es tensión latente entre sus padres.

Si pudiéramos preguntar a cada miembro de la pareja por separado, sus motivos para recurrir a la triangulación por medio de su hijo, posiblemente nos dirían cosas como las siguientes:

“Lo hago porque no quiero discutir con mi pareja”.

“Ya sé lo que me va a decir y no tengo ánimos de oírlo”.

“Así estamos bien, con la “fiesta en paz””.

Por otra parte, existen también triangulaciones en donde el hijo llega a desviar y mantener en aparente calma los conflictos de la pareja a través de su conducta. Algunos ejemplos para este punto son:

– El hijo que duerme en cama de sus padres y no quiere irse a la suya.

– El niño constantemente enfermizo sin motivos aparentes.

– El hijo demasiado dependiente de alguno o ambos padres.

Todos estos casos, entre otros similares, son también parte de la triangulación familiar, cabe mencionar que no solamente la triangulación se da entre padres e hijos, puede ocurrir entre otros miembros de la familia.

Cualquiera que sea el caso, la realidad es que no existe una claridad ni dirección adecuada de las emociones, ni responsabilidad de los hechos, existen demasiados silencios, abstenciones, desvíos, distracciones, etc. todo lo que nos aleje ilusamente del verdadero conflicto, ese que sabemos perfectamente cuál es pero nos esforzamos en cubrir.

Quizás estemos cargados de decepciones o frustraciones pasadas, tanto personales como directamente con nuestra pareja, seguramente en otro momento se habló de ellos sin tener un resultado satisfactorio o, al contrario, lo hablaron tanto que están cansados de retomar esa aparente espiral sin fin, y digo “aparente” porque en realidad no lo es, sólo que hemos hecho, dicho y esperado tantas veces lo mismo que no nos abrimos a la posibilidad de hacer algo diferente, de manera responsable o buscando apoyo profesional, cualquier cosa que abra nuevas opciones de solución en lugar de impedirles el camino.

La triangulación nos sirve para no hacer frente a la realidad, para postergar lo inevitable lo más que se pueda, como esa planta que sabemos es dañina pero dejamos crecer, sabiendo que tarde o temprano aniquilará nuestro jardín, sólo por “no batallar” al ir y pedirle directamente a “esa persona” las tijeras para podar.

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