TERROIR

TERROIR
POR DIONISIO DEL VALLE

Esta palabrita francesa que en español se lee como “terruá” nada tiene que ver con la famosa Revolución, con Robespierre ni con el régimen de terror impuesto a finales del siglo XVIII por este apasionado político y cuyo instrumento preferido para no entrar en discusiones era un aparatito muy práctico y eficaz conocido como guillotina. Pero no, no va por ahí, aquí estamos hablando de algo diferente. Terroir es una de esas palabras que no tienen una traducción específica en nuestro idioma. Quiere decir algo que en ocasiones solo adquiere verdadero sentido en su lengua original. De todos modos admite interpretaciones que pueden ayudarnos a descubrir el sentido de la dicha palabra. Aunque tierra y territorio sea lo primero que debe venir a nuestra  mente al escucharla,  es algo más que eso. Es también entorno, clima y condiciones de un sitio determinado. Pero también lo es de un lugar destinado a un fin específico, en este caso, a la producción vinícola. Y tiene que ver con la calidad de suelos, tipos de flora y fauna que habita en la región, cantidad de agua disponible o que se recibe en forma de lluvia, humedad o nieve, temperatura ambiente durante las cuatro estaciones del año, todo eso y más es el terroir. Cosas en apariencia tan simples como las horas que le pega el sol matutino a la ladera de un cerro que a su vez está expuesto a la brisa marina durante un periodo determinado de tiempo, pueden determinar la calidad de un terroir o el valor de sus vinos en comparación con otros que no tengan las mismas condiciones. Y es que parece que los franceses siempre piensan diferente de como lo hace el resto del mundo, por lo menos de los que se dedican al vino. En la Borgoña, que es una de las más famosas zonas productoras de vinos finos, por ejemplo, los vitivinicultores están convencidos que primero está el terroir y sus designios y luego las capacidades del productor. Y ejemplos de esta convicción sobran. Sin entrar en detalles les puedo platicar que existen viñedos que están a unos cuantos metros de distancia, que contienen el mismo tipo de uva y sin embargo no producen vinos de la misma calidad. Es más, la diferencia de precios entre los vinos que se obtienen en uno y otro puede variar de unos cuantos euros a cientos y hasta miles de ellos por botella.  Sobra decir que los enólogos de una y otra vinícola pueden ser igual de competentes y tener una preparación académica similar. ¿Qué sucede entonces? Pues que independientemente de los evidentes avances tecnológicos, las condiciones de la Naturaleza seguirán influyendo, de manera contundente, en la calidad del vino elaborado con el fruto de la vid, expuesta en todo momento a los humores de aquella.  El vino no es ajeno al fenómeno que llamamos cambio climático, por lo que tenemos que estar preparados para asumir, algún día, las consecuencias del trato que damos a nuestra casa.

 

 

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