¡Te amo incondicionalmente!

¡Te amo incondicionalmente!

RECOVECOS

  

POR MARU LOZANO

 

¿Será verdad?  Difícilmente amamos sin importar cómo se comporten o qué nos proporcionen.

A ese amor que nunca está para ti, que te ningunea, te ignora, que le hace más caso a sus redes sociales, te miente, te da empujones y demás, ¿crees amar incondicionalmente? o ¿llegó el momento de pensar si lo que amas es la ganancia que te ofrece estar a su lado?  Lo cierto es que tenemos una gran necesidad de creer que el otro nos adora aún cuando su conducta nos lastime.

Sucede que cuando idealizamos el amor, casi nada tiene que ver la otra persona, y sí mucho que ver con nuestra fantasía. El miedo a creer que no se podría soportar una separación, hace que se ‘aguante un piano’, y se comience a justificar ante todos, lo que de repente nos hacen.

¿Qué sigue?  ¿Resguardarnos en esta idea vendidísima del “amor incondicional”, y pensar que sólo son defectitos que cualquiera tiene, y nos emocionarnos ante un breve discurso y palmadita ocasional?

¿El amor todo lo puede? Sí, pero éste no sería amor de esos comprometidos.  Sería entonces muy triste constatar que el sueño no coincide con la realidad, por lo manipulador y opresor de las emociones.  Imagínate no poder decir “hoy no…” porque estarías faltando a tu principio de “amor incondicional”, así que cedes, toleras, callas, contienes y lloras por las noches.

Para la otra persona, exigir amor ilimitado es aprovecharse de la debilidad, y eso es violencia por inseguridad.  O bien, te pusiste de tapete y ¿qué crees? ¡A los tapetes se les pisa y se les restriega para pasar!

 

¿Sacrificarse por alguien?  ¿Por qué?

  • Porque aprendimos que así es, que es lo correcto. Tal ejemplo viví en la familia.
  • Por resignación, ya a estas alturas ¿qué más se puede hacer?
  • Por sentirse buena persona. No quiero verme fea si me expreso.
  • Por confundir el amor con sacrificio: “amar es sufrir”, “querer es gozar”, “quien bien te quiere te hará llorar”…
  • Por mi baja auto-estima: es que si reclamo ¡se va!

 

Es preciso tener claro que no se trata de ser mujer mala-onda.  El amor es resiliente, y se trata de aceptar al otro con sus fallas sin abrir de par en par las fronteras, pero tampoco enganchándolo con grilletes.

Es que no debemos confundir “amor incondicional” con “te condiciono este amor”.  Ahí es donde la idea mal concebida de una relación toma forma.

Condicionar es decirle al otro “tienes que…” y amor incondicional no significa que no me digas lo que tengo que hacer.  ¿Estaremos confundiendo el cariño como el de una mamá?  Si fuera así, estemos ciertas que los hijos son traviesos, se escapan, regresan, se miman cuando enfermos y necesitados, pero se vuelven a ir, no agradecen, etc.

 

¿Qué hacer?

  • Analizar si nuestra relación es recíproca. Se da y se recibe. ¡El amor sí pide muestras de amor a cambio!  Te sonrío, me sonríes…
  • Analizar si ambos honran los acuerdos convenidos, o se discute en un momento dado ajustarlos.
  • Saberse tratada con cariño y con respeto.
  • Reflexionar si no nos estamos creando falsas expectativas, porque en el momento en que dejemos de ser lindas y nos rebelemos, nos reprocharían que no éramos lo que se pensaba, o no éramos lo que prometimos ser.
  • Si el miedo a expresarte con él te lleva a decretar: “Para llevar la fiesta en paz así lo dejo…” tal señal significa que llegó la hora de desarrollar un mejor amor para ti.
  • Si de repente sientes presión y al imaginarte libre de él te sientes ligera, entonces eso no era mentira, es lo que realmente es y ya te diste cuenta que no encaja.

Habría que hacer conciencia de que lo mejor es llevarse bien consigo misma, que amarse primero es la mejor manera de relacionarse con los demás, porque no permitirías que el abuso surja, y sí el anhelo por convivir día a día.

El amor incondicional comienza por estar segura de que sin importar tu pasado, en este momento tienes el potencial de re-inventarte al realizar tus propias metas físicas, intelectuales, educativas, familiares, productivas, culturales, sociales, y espirituales, y entonces, estarías lista para acompañarte de la mano de alguien comprometido con su intelecto, y gozándose, dispuestos a caminar juntos sin pretextos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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