Ser sacerdote católico hoy… Motivos reales

Ser sacerdote católico hoy… Motivos reales

Por P. Jorge Echegollén Flores

Primera de dos partes

En el marco festivo de las Bodas de Oro (1964-2014) de la fundación de la Arquidiócesis de Tijuana me adentro, con esmero y dedicación, en uno de los temas que me ha cautivado toda mi vida sacerdotal, en estos 20 años de vida ministerial en la Iglesia Católica Romana, de rito latino, a saber: la necesidad de que el sacerdote diocesano sea comprendido de manera real y veraz, sin necesidad de que se hagan mofa de su papel en la sociedad, presentándolo continuamente en los medios de comunicación como un ser raro o, en el peor de los casos, incomprendido o deleznable. En medio de este mundo desacralizado e indiferente del post-modernismo, en este ambiente en donde “todo” es regido por los tres dioses: el dios-dinero (contrastante con la pobreza de Cristo), el dios-eros (contrastante con la castidad de Jesús), y el dios poder y fama (contrastante con la humildad y obediencia del Hijo de Dios), surge la imponente llamada al sacerdocio como un estilo de vida interesante y fascinante y choca con “el mundo”, en el sentido bíblico, sobre todo de San Juan.

¿Cómo a un joven del siglo XXI se le puede ocurrir ir contracorriente a los disque valores imperantes en el mundo y del pensamiento convencional? ¿Cuáles son las razones reales por las que un joven deje “casa”, “madre”, “esposa” e “hijos”, para consagrarse a Dios libremente?; además, ¿por qué, honestamente, los sacerdotes no se casan? Seguramente no es por la cuestión típica y absurda que presentan algunos pensadores liberales, que es debido a que no se le quiere dejar “las herencias” y las “riquezas” de la Iglesia Católica a los “posibles hijos” de los sacerdotes, siendo esto un insulto a los motivos más profundos de la vocación sacerdotal; porque de ser así, ¡se morirían de hambre los supuestos hijos! Estúdiese el tema de los sacerdotes casados, en el mundo de rito bizantino. Las dificultades vividas por mis ex compañeros sacerdotes no han motivado a muchas generaciones de jóvenes, que durante siglos, en Oriente, han tenido esta posibilidad de convivencia entre sacerdocio y matrimonio; además, las vocaciones son escasas (igual que en el mundo Anglicano), y poco a poco el sacerdocio ministerial se ha visto desprovisto de ministros capaces de compartir felizmente los dos estados; sin quitarle su belleza y su felicidad a tantas parejas que han vivido así su ministerio y su vocación; sin embargo, para la Iglesia Católica de rito latino, se ha visto y preferido la disciplina del celibato, (desde el siglo IV), sin restarle importancia a los desafíos que conlleva tal experiencia humana. (Veáse STEFANO SODARO, “Keshi”, Preti Sposati nel diritto canonico orientale; de Franco Puzzo, Ediciones, Trieste, Italia, 2000).

¿Qué acaso puede vender el sacerdote la parroquia o los ornamentos para dejar una herencia? ¿Qué no acaso la única herencia del sacerdote es el Señor? Cuántas fantasías y prejuicios hay en el ambiente anticlerical (tipo Jorge Ramos de Univisión (nefasto), que inclusive se ha creado ya todo un “cliché” del sacerdote, como obscurantista, medieval, “perteneciente a grupos fácticos”, como dice Benedicto Ruiz sobre la Iglesia Católica (analista político de línea liberal).

El autor es Sacerdote Diocesano de Tijuana, MX.

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