Sencillita y Carismática

Sencillita y Carismática

Por Dionisio del Valle

Nací en un pequeño pueblo del sur de Francia, su nombre es Cahors. Durante muchos años, para ser precisos desde la época en que mi patria era dominada por los romanos, conmigo se producía un vino al que se llamaba, de manera simple y al mismo tiempo contundente, vino negro de Cahors.

Un buen día, un señor de apellido Malbek, de origen incierto, vino a mi tierra y probó el producto de mis afanes. No es por presumir pero quedó encantado con el intenso color y la elegancia de mis aromas. Sin pensarlo mucho tomó la decisión de llevarme con él porque estaba completamente seguro de mis capacidades naturales para trascender en el siempre complicado mundo de los vinos. Por simple intuición emprendí el camino a la más famosa de las zonas productoras de aquél entonces que, dicho sea de paso, sigue siendo la más célebre del mundo. Su nombre, Burdeos.

Apenas llegar, el Señor Malbek tuvo el acierto de plantarme en varios viñedos ante la mirada más que escéptica de los agricultores lugareños. He de agradecerle siempre su tenaz persistencia ya que sólo unos años más tarde debuté en sociedad. Casi sin poder controlar mis iniciales nervios me di cuenta que tenía todas las aptitudes para ganarme un lugar entre las grandes. Imagínense ustedes, una chica provinciana tratando de llamar la atención en zonas donde exitosas actrices, encumbradas y famosas, tenían ya un nombre reconocido dentro y fuera de Francia. Me refiero a la Cabernet Sauvignon, la Cabernet Franc y la Merlot. La verdad es que hice de tripas corazón y me convertí en amiga de otra variedad provinciana, la Petit Verdot, también como yo de humildes orígenes.

El señor Malbek, a quien tanto debo, tuvo otro acierto, me propuso cambiar de nombre, algo así como adoptar un seudónimo y es que mi nombre original es casi impronunciable, me llamo Auxerrois (oxerruá, leerían los hispanohablantes) y me bautizó desde ya con su apellido, un poco modificado, llamándome a partir de ese momento Malbec, que se convertiría en mi nombre artístico por así decirlo. Fui aceptada entre tan selecto grupo de uvas y me convertí en la quinta uva de Burdeos. Desde entonces, a mediados del siglo XVIII, soy la encargada de aportar color a los vinos de la región y también un intenso aroma de ciruela además de un elegante toque anisado.

A mediados del siglo XIX conocí a otro señor de apellido Pouget (Pullet) quien me convenció de hacer un largo viaje al continente americano. Mejor decisión no pude tomar en la vida. De ser una chica del coro en Burdeos me convertí en una estrella fulgurante. Mi llegada a la Argentina no pudo ser más espectacular: amor a primera vista. Ahora soy la más famosa de las uvas que se cultivan en la Argentina y los mejores vinos de ese país están elaborados conmigo. Soy una uva, modestia aparte, muy especial, de bajos rendimientos y muy alta calidad. Una historia de éxito la mía, sin lugar a dudas. No dejen de probarme, estoy segura que no los voy a decepcionar.

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