“Niños adictos a la tecnología”

“Niños adictos a la tecnología”

TUS HIJOS

 Por Mayra Medina De Hijar

Cuando hablamos de adicción solemos pensar en el abuso de drogas, un tema, que la mayoría de los padres ha tocado con sus hijos jóvenes. Pero el concepto va mucho más allá, pues cualquier tipo de conducta puede convertirse en adictiva, o hacernos dependiente de ésta, ya sea: substancia, actividad, objeto, persona o emoción.

Pero no todos desarrollamos dependencia, pues ésta está determinada por factores personales y ambientales. La clave radica en saber detectarla a tiempo para lograr una prevención efectiva.

SEÑALES DE ALERTA

(Entiéndase como ¨tecnologías¨: el Internet, la computadora, consolas de video, tabletas, celular, aplicaciones, etc.)

– Cuando NO es adicción: Cuando el adolescente que emplea tecnologías las usa para recreación, para jugar, estudiar, comunicarse y disfrutar el proceso. Si este uso no interfiere en sus actividades, ni en sus obligaciones, ni en actividades dentro de su tiempo libre, se puede decir que no presenta señales de alerta.

– Cuando el uso es INCORRECTO: Comienza a serlo cuando el aumento del uso interfiere de manera grave en la vida cotidiana del adolescente, por ejemplo: hay pérdida de interés por otras actividades; puede dejar de hacer tareas escolares, o se ausenta de actividades extraescolares,  eventos sociales o familiares por estar conectado.

Aquí todo gira alrededor de las tecnologías dejando de lado otras actividades. Los conflictos con los padres inician; el joven niega que exista un problema. Al mismo tiempo puede llegar a mentir y a manipular para tener más tiempo en el uso de.

Todo se vuelve más conflictivo cuando a pesar de que el joven vive las consecuencias que tanto sus padres como la escuela le imponen por el uso excesivo de tecnologías, no las deja de usar. El adolescente ya no utiliza la tecnología como en un principio: para pasarla bien, sino que ahora calmará con ella cualquier molestia o ansiedad que le provoque el no utilizarla. Entonces es que surge una fuerte necesidad de llevar a cabo la conducta a como dé lugar.

CONDUCTAS SÍNTOMA

Aguante

Es esa necesidad de aumentar la duración, la intensidad y/o la frecuencia de la conducta nociva, en este caso el uso de tecnologías, para alcanzar el efecto deseado pues las consecuencias placenteras van bajando si se mantiene constante la misma intensidad, frecuencia y/o duración. Por eso, la capacidad de aguante del joven lo llevará a dedicarle cada vez más tiempo a su conducta.

Pérdida de control

Esta es una característica clave para cualquier adicción, así como la dependencia que la persona presenta hacia la conducta nociva. Al principio, cuando no había surgido la adicción, la conducta base se hacía por el simple placer de realizarla, pero ya desarrollada la adicción, el joven o la persona necesita llevarla a cabo para aliviar el malestar que le provoca no hacerlo. Aunque él crea que tiene control de la situación, la realidad es que la conducta ya lo controla a él (ella).

Mentir

El adicto no reconoce que lo es, aun cuando las evidencias sean claras, por ejemplo: baja su rendimiento en la escuela, se aísla de la gente, miente cada vez más cuando se le cuestiona sobre el tema, esto llega a complicar la detección del problema y/o la participación de los padres o especialistas.

Cambios de comportamiento

Si el rendimiento escolar de un niño comienza a disminuir cuando habitualmente es estable, es importante ver si tiene que ver con su uso frecuente de tecnologías. El niño o joven adicto a la tecnología se irá aislando de la familia y amigos, se volverá irritable y ansioso, sobre todo cuando se le prive de lo que provoca su dependencia. Aspectos como el aseo personal, el sueño o la alimentación pueden verse afectados. No aceptará hablar con nadie sobre el tema, auto engañarse le sirve como un refugio; va a negar lo que sucede y justificará su necesidad de conectarse a internet o usar tecnologías.

RECOMENDACIONES

En realidad, el uso del Internet, redes sociales, videojuegos, celular, aplicaciones, etc. no es un problema si es controlado, y está en equilibrio con el resto de las actividades del menor.

Por esto, es responsabilidad de los padres informarse e informar a sus hijos sobre los riesgos que corren; hacer un uso razonable y responsable de la tecnología, y protegerlos con el ejemplo coherente de nuestra propia conducta. Aquellos padres que fortalecen la autoestima de sus hijos, promueven la comunicación familiar abierta, respetuosa y sin juzgar, y además establecen límites y normas, están realizando la mejor prevención.

La autora es Licenciada en Psicología Familiar. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Diplomada en Tanatología. www.psicofamiliaypareja.com  www.facebook.com/psic.mayra.medina

 

 

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