Martha de Plasencia

Martha de Plasencia

Trabajo, esfuerzo y respeto.

Una de las familias con mayor arraigo en Tijuana es la de los Plascencia; con casi cinco generaciones en esta ciudad, han logrado un lugar en su corazón a través del arte culinario. La matriarca de la familia, Martha Huerta de Plascencia cuenta cómo inició todo. Desde un joven noviazgo hasta once nietos y dos más en camino.

“Siento mis setenta años, claro que los siento… nadie queremos sentirnos viejos, yo no me siento ‘viejita’. Estoy viviendo horas extras porque tuve cáncer hace siete años. Dios me ha dado la oportunidad de estar aquí y tiene que ser por algo… me preguntaba ¿Qué es? ”.                                                     La respuesta fue canalizada hacia un grupo de mujeres sobrevivientes de cáncer, que se reúnen una vez al mes para comer y buscar cómo ayudar a través de su experiencia a más personas con esta enfermedad. Otra de las respuestas que la Sra. Plascencia encontró, fue la fortaleza al cruzar este camino. “Te ayuda. Cuando alguien de tu familia padece una enfermedad o tiene un apuro, tú ya te hiciste fuerte; viéndolo de ese lado, fue una experiencia muy bonita porque recibí mucho. Amigos, familia, cariño de amigas que no veía desde la primaria, encontraron mi número y me marcaron, eso te da fortaleza”. Desde hace años se encuentra ‘haciendo la lucha’ para brindar ayuda. “Necesitas hacer algo por alguien más. Es muy importante compartir tus experiencias y ayudar. Aunque sea con un poquito vas ayudando”. También desde hace más de veinte años, pertenece al club Soroptimista cuya misión es mejorar la vida de mujeres y niñas en comunidades locales en todo el mundo. A través de esa asociación ha contribuido a distintas causas como el apoyo a enfermos terminales con comida, camas, pañales y otras necesidades. “Hay otro proyecto de una señora que da desayunos en Valle Verde. Esto es el complemento de mi vida porque tengo tanto por qué darle gracias a Dios. Mi familia preciosa, mi marido lo máximo” explicó Martha conmovida quien en breve cumplirá 49 años de casada.

¿De dónde vino la idea?

Martha y Juan José trabajaban en el Banco de Comercio ubicado en la calle quinta de la zona centro. Al llegar cada quincena y no haber opciones de pizzerías en la ciudad de Tijuana, cruzaban a Chula Vista. “Nos íbamos al ‘Pernicanos’ a comer pizza. Pues no había acá. No lo hemos podido comprobar, pero al parecer fuimos la primera pizzería en la república, ni en México había. Estaban restaurantes italianos pero no pizzerías”. Además al Sr. Plasencia mejor conocido como ‘El Tana’ tenía gusto y talento por la cocina. Cocinaba para sus amigos y hasta para los jefes. “Siempre tuvo esa cosa de hacer pizzas y se preguntaba -¿Por qué tenemos que ir al otro lado a comer pizza?- hacía las pizzas que estaban muy buenas”.

“El papá de todos”

En 1969 después de 5 años de casados, abrieron el Giuseppis, restaurante que se convirtió en tradición para las familias tijuanenses. “Decidimos rentar un localito en la Cacho y la primera vez que abrimos, tuvimos que cerrar tres veces porque él sabía amasar pizzas, pero el cálculo de la comida no salía. Pues calculaba 20 pizzas y cual, no duraban. Había colas y colas. Además de los amigos que iban a apoyarnos, estaba la gente que quería probar. Eran cuatro mesitas. Yo era la mesera, la cajera y la que limpiaba. En veces hacía las pizzas. Los dos, mi esposo y yo hacíamos todo. Después subí de categoría y ya nada más era la cajera” cuenta la señora Martha riendo contenta al recordar. Siguió subiendo de ‘categoría’ en el restaurante desempeñando cada puesto, posteriormente vinieron los hijos siendo su trabajo principal; el trabajo en Giuseppis continuó los fines de semana. “Desde el primer día empezamos con el pie derecho. Por muchos años  fuimos los únicos. Ahora hay mil cadenas… o mil quinientas algo así”. El Giuseppis es ‘el más querido’. “Yo quiero mucho al Giuseppis del boulevard y les digo a mis hijos que no se les olvide porque de ahí, salió para todos. De ahí nació todo”. Y viene otro para finales de este mes o principios del que entra, en el centro entre la calle tercera y segunda.

El respeto, la familia y el día a día

Hablando de compartir experiencias, la señora de Plascencia establece que el respeto entre la pareja es muy importante al igual que inculcarle el respeto a los hijos y el amor entre hermanos. “Mi marido me quiere mucho y yo lo quiero mucho a él. Sufrimos mucho para poder casarnos, pero lo hicimos porque estábamos muy enamorados y hemos trabajado al brazo juntos. Mis hijos igual todos muy integrados. Es un ejemplo que dimos y ellos se lo darán a sus hijos y así se va pasando. Un gran respeto por su papá, por la familia. Lo aprendieron así porque desde chiquitos trabajaban. Cada domingo ir y cumplir sus dos, tres horitas lavando platos y trabajar. Siempre vieron a su papá trabajar y a su mamá un poquito también, pues de ahí les nació el amor”. Considera que las hijas son más apegadas a los padres que los varones y, quiere mucho a sus nueras. Considera también, que la clave está en ser una ‘suegra alivianada’. “Yo tengo muy bien ubicado que los hijos se casan y forman su propia familia. No hay celos. Si se les olvida mi cumpleaños, no pasa nada ya vendrá otro año. Trato de tener mi distancia como suegra y cuando nos vemos, lo hacemos con mucho gusto. Que esté la familia unida es mi más grande satisfacción”.

Los viajes son de sus cosas favoritas y pone en práctica la frase ‘En vida hermano en vida’. Otra de las cosas que disfruta mucho es jugar golf, deporte que practica dos veces a la semana. “Tengo un grupito de amigas que jugamos por el placer de estar juntas y de caminar entre los árboles. No somos competitivas. Trato de subirme a la caminadora dos veces a la semana también”.

La señora Martha considera que con el esfuerzo y el trabajo todo se va dando. “Mi marido es restaurantero de corazón y somos bastante sencillos. Las cosas materiales nunca han sido nuestra prioridad. Tratamos siempre de andar lo más que podemos juntos, que mejor dinero el invertido en tu familia, cuando tu familia te corresponde; que invertirlo en otras cosas. Esa es nuestra filosofía”.

En cuanto a la ciudad que la vio nacer y en la que ha desempeñado tan importante papel, ‘Tita’ (como le dicen sus nietos) comparte: “Mi ciudad donde nací, crecí, vi nacer a mis hijos y donde pusimos un granito de arena… (O un granote)” dice entre risas. “Un granito de arena como familia. Tijuana es mi ciudad, mi amor, mi todo. Con mucho orgullo”.

 

En breve

Libro favorito: Snow flower and the Secret Fan de Lisa See

Música favorita: Jazz latino

Mayor fortaleza: Mi familia

Mayor debilidad: Ir al cine

Artículo indispensable: Mi labial

Frase favorita: “En vida, hermano, en vida” de María Rabatte

 

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