Manos que compartan

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EL MUNDO NECESITA | VALORES

 

Por Alejandrina Seaman

Vivimos en un mundo acelerado. La cotidianidad de la vida no nos permite observar a nuestro alrededor y darnos cuenta que hay mucha gente con necesidad, que sufre y que sólo necesita de alguien que la escuche, y que no necesariamente necesita de dinero como regularmente pensamos.

Las tragedias ocurridas en los últimos meses en las diferentes partes del mundo permiten al individuo darse cuenta de la vulnerabilidad de la vida, más aún cuando las vivimos tan de cerca, lo que abre nuestra visión y nos hace actuar de una manera distinta.

El terremoto ocurrido el pasado 19 de septiembre en la Ciudad de México, precisamente el día del aniversario número 32 del sismo del 85, que dejó una cantidad importante de pérdidas humanas así como materiales, desató una ola de solidaridad en la que participamos muchos mexicanos, así como personas de otras partes del mundo.

La ayuda hacia aquellos que lo perdieron todo se dejó ver desde el momento en que se presentaron los hechos. Artistas por ejemplo, crearon proyectos para reunir dinero que será destinado a la construcción de casas para los damnificados.

¡Todo esto es maravilloso!, ver como la sociedad se reúne y se coordina para dar apoyo a quien más lo necesita, pero me pregunto: ¿acaso no vemos en nuestra cotidianidad a personas que carezcan de todo?

 

Se necesita solidaridad cotidiana

 

Hay personas que duermen en las calles, que viven bajo puentes y que luchan cada día por obtener algo de alimento. Estas personas son ayudadas por algunas instituciones que no se dan abasto, pero para el resto de la sociedad NO existen, representan en muchos casos ‘la escoria’ que nadie desea y nadie reconoce.

Por ello propongo algo, si vamos a ser humanos, NO lo seamos solamente en época de catástrofes, seamos humanos todos los días de nuestra vida. Quitemos de nuestra vista ese velo de negación y veamos la realidad de nuestro alrededor. Dejemos por un momento las tecnologías, las que no nos permiten estar en el aquí y ahora, y seamos activistas no sólo con likes en Facebook, sino en el campo y en la acción.

Da lo que tengas, lo que puedas dar: de tu tiempo, de tus habilidades, de tus recursos. Hay mucha gente que lo requiere. No es necesario viajar a Etiopía para ayudar a los niños que mueren de hambre. A nuestro alrededor existen personas que necesitan de una mano amiga.

Convirtámonos nosotros mismos, en ser esas personas que le ofrezcan consuelo de alguna manera a aquel que se siente solo y desvalido. Como decía M. Gandhi: ¨Sé el cambio que quieres ver en el mundo¨. Con ello estaremos construyendo el puente, por el que algún día nos toque pasar.

 

 

 

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