Los niños  también tienen sentimientos

Los niños  también tienen sentimientos

Cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos, mejor podremos leer los de los demás

Daniel Goleman

 

 

POR GRACIELA JIMÉNEZ

 

Con motivo del día Universal del Niño que se celebra el 20 de noviembre, hablaré de cómo expresan los niños por etapas las emociones, para saber qué esperar o no de ellos, y de cómo reforzar las emociones positivas.

Durante los primeros dos meses de vida se van desarrollando las vías cerebrales de las emociones, por lo que cuando el niño sonríe o manifiesta alegría es signo de amor, que puede estimularse mediante el tacto. Cuando se privar al niño del contacto corporal,  por el contrario, se llega a observar furia en los infantes. También pudieran manifestar miedo generado por ruidos fuertes. A esta edad el niño es capaz de manifestar todas las emociones, aunque no las expresa igual que un niño mayor o un adulto.

 

3 a 4 meses: Comienza una mayor autorregulación de las emociones gracias al un mayor crecimiento de las vías cerebrales, y pueden existir carcajadas, un mayor control de la sonrisa social y las muestras de enfado. Es característico que los lactantes manifiestan conductas de imitación, como sacar la lengua en respuesta a los adultos que hacen lo mismo. Estas conductas de imitación se conocen como las precursoras de las emociones.

 

7 a 12 meses: Existe un evidente crecimiento en la autorregulación de las emociones. Se pueden diferenciar las tres principales emociones: alegría, enojo y tristeza. Los niños presentan más respuestas emocionales hacia el ambiente que los rodea.

 

1 y 2 año: Comienza a aparecer la vergüenza, el orgullo y la envidia. Se nota porque desplazan a otros niños, en pocas palabras, primero son ellos que los demás, y tienen actitudes egoístas. Es importante en esta etapa estimular la empatía, ya que los niños empiezan a dar algunos indicios de esta cualidad mediante sus expresiones, ejemplo: “Te quiero, mamá… lo siento”, y esto lo acompañan de expresiones físicas de afecto como abrazar, sonreír y besar. También se puede observar que le gusta la atención y la aprobación principalmente de sus padres o de las personas que lo cuidan; le agrada jugar solo o cerca de sus compañeros; disfrutan  y desarrollan nuevas conductas. Es clásico en esta etapa, jugar a las escondidas y correr a esconderse atrás de una cortina. Pueden manifestar llanto, pataletas, mordidas y golpes cuando sus cuidadores se alejan; existe mayor aprensión hacia los extraños.

 

La Primera Infancia

De los dos años hasta los 5-6, se considera etapa primera infancia.

Esta etapa se denomina como la de: “los terribles dos años” en que se incrementan los berrinches, y cuando el niño se empieza a dar cuenta, de que puede entender la causa de muchas de sus emociones, por lo que tratan de expresarlas; es algo que acaba de conocer por lo que la intensidad puede ser elevada.

 

Los dos añitos

La etapa de los dos años también se caracteriza por ir perfeccionando la marcha, e incrementándose el habla, y aquí es muy característico que los niños aprenden a decir y comprender bien el “NO” antes que el “SÍ”. Esta negativa es esencial para el desarrollo de la independencia, pero debemos estar muy atentos pues si se prolonga, pueden ser los primeros indicios de una conducta oposicionista. La empatía se incrementa, y prácticamente al terminar esta etapa, el niño puede tener mayor autorregulación y llegar a identificar con quién se enojó o enfadó. En la mayoría de los casos, a partir de los 5 años muestran mayor sensibilidad a las críticas y se preocupan por los sentimientos de los demás.

En esta etapa de preescolares, las emociones son más complejas ya que pueden expresar amor, desdicha, celos y envidia, sin embargo la mayoría de las emociones dependen del cansancio y del hambre. Aquí llegan a ser egocéntricos, pero pueden aprender a colaborar y compartir.

 

Segunda Infancia

Los niños  también tienen sentimientos

 

“Cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos,

mejor podremos leer los de los demás”.

Daniel Goleman

 

 

POR GRACIELA JIMÉNEZ

 

Con motivo del día Universal del Niño que se celebra el 20 de noviembre, hablaré de cómo expresan los niños por etapas las emociones, para saber qué esperar o no de ellos, y de cómo reforzar las emociones positivas.

Durante los primeros dos meses de vida se van desarrollando las vías cerebrales de las emociones, por lo que cuando el niño sonríe o manifiesta alegría es signo de amor, que puede estimularse mediante el tacto. Cuando se privar al niño del contacto corporal,  por el contrario, se llega a observar furia en los infantes. También pudieran manifestar miedo generado por ruidos fuertes. A esta edad el niño es capaz de manifestar todas las emociones, aunque no las expresa igual que un niño mayor o un adulto.

 

3 a 4 meses: Comienza una mayor autorregulación de las emociones gracias al un mayor crecimiento de las vías cerebrales, y pueden existir carcajadas, un mayor control de la sonrisa social y las muestras de enfado. Es característico que los lactantes manifiestan conductas de imitación, como sacar la lengua en respuesta a los adultos que hacen lo mismo. Estas conductas de imitación se conocen como las precursoras de las emociones.

 

7 a 12 meses: Existe un evidente crecimiento en la autorregulación de las emociones. Se pueden diferenciar las tres principales emociones: alegría, enojo y tristeza. Los niños presentan más respuestas emocionales hacia el ambiente que los rodea.

 

1 y 2 año: Comienza a aparecer la vergüenza, el orgullo y la envidia. Se nota porque desplazan a otros niños, en pocas palabras, primero son ellos que los demás, y tienen actitudes egoístas. Es importante en esta etapa estimular la empatía, ya que los niños empiezan a dar algunos indicios de esta cualidad mediante sus expresiones, ejemplo: “Te quiero, mamá… lo siento”, y esto lo acompañan de expresiones físicas de afecto como abrazar, sonreír y besar. También se puede observar que le gusta la atención y la aprobación principalmente de sus padres o de las personas que lo cuidan; le agrada jugar solo o cerca de sus compañeros; disfrutan  y desarrollan nuevas conductas. Es clásico en esta etapa, jugar a las escondidas y correr a esconderse atrás de una cortina. Pueden manifestar llanto, pataletas, mordidas y golpes cuando sus cuidadores se alejan; existe mayor aprensión hacia los extraños.

 

La Primera Infancia

De los dos años hasta los 5-6, se considera etapa primera infancia.

Esta etapa se denomina como la de: “los terribles dos años” en que se incrementan los berrinches, y cuando el niño se empieza a dar cuenta, de que puede entender la causa de muchas de sus emociones, por lo que tratan de expresarlas; es algo que acaba de conocer por lo que la intensidad puede ser elevada.

 

Los dos añitos

La etapa de los dos años también se caracteriza por ir perfeccionando la marcha, e incrementándose el habla, y aquí es muy característico que los niños aprenden a decir y comprender bien el “NO” antes que el “SÍ”. Esta negativa es esencial para el desarrollo de la independencia, pero debemos estar muy atentos pues si se prolonga, pueden ser los primeros indicios de una conducta oposicionista. La empatía se incrementa, y prácticamente al terminar esta etapa, el niño puede tener mayor autorregulación y llegar a identificar con quién se enojó o enfadó. En la mayoría de los casos, a partir de los 5 años muestran mayor sensibilidad a las críticas y se preocupan por los sentimientos de los demás.

En esta etapa de preescolares, las emociones son más complejas ya que pueden expresar amor, desdicha, celos y envidia, sin embargo la mayoría de las emociones dependen del cansancio y del hambre. Aquí llegan a ser egocéntricos, pero pueden aprender a colaborar y compartir.

 

Segunda Infancia

De los 5-6 años y hasta los 11, los niños pueden reaccionar siendo más conscientes de los sentimientos de los demás, y en algunos casos la empatía se transforma en altruismo, ejemplo: “me siento tan mal por las inundaciones que voy a darles algunas de mis cosas”.

Es importante mencionar que el desarrollo emocional va a la par del cognitivo, y que el cuidador es quien proporciona los estímulos más importantes para ambos aspectos del crecimiento mental.

Resumiendo lo anterior, los niños dependen de los adultos no sólo para su supervivencia, sino también para el desarrollo de su interacción social y emocional, que va creciendo gracias a las interacciones cálidas que les son proporcionadas, es decir, es de suma importancia la formación del vínculo, que es el término utilizado para describir la intensa relación emocional y psicológica que desarrolla una madre (o cuidador) hacia su hijo, y que se denomina apego.

Es de gran importancia ser conscientes de los derechos de los niños y hacerlos valer, pero sobre todo es de mucha mayor importancia brindarles cariño y protección siempre.

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