¿Los niños se pueden deprimir?

¿Los niños se pueden deprimir?

POR GRACIELA JIMÉNEZ TREJO

 

La infancia, los primeros años de vida de una persona, es una etapa cargada de alegría y nuevas experiencias. Los días transcurren a la velocidad de la energía, disfrutando la mayor parte del tiempo, batallando en ocasiones para despertarse, y buscando el juego en lugar de los libros.

Muchas veces cuando hablamos de la infancia lo asociamos con la alegría y el gozo. Pensamos en los niños vigorosos, sanos aunque por momentos quejosos, aprendiendo en todos lados, riendo con sus padres, y jugando con los amigos que le van a acompañar durante gran parte de la vida.

Pero ¿qué sucede cuando un niño se deprime? muchas personas muestran incredulidad cuando asociamos la niñez con una enfermedad como el trastorno depresivo mayor.

Algunos señalan que esto no es posible, que es una mera invención, una etapa de maduración que se va a resolver, o el resultado del estrés que aqueja a la sociedad moderna. Así pues, la idea de un niño que padece trastorno depresivo mayor se contrapone con la etiqueta de la alegría que representa la infancia.

 

“Una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder

en la vida, es tener una infancia feliz”

Agatha Christie

 

 

 

¿En serio los pequeños se deprimen?

Entonces la pregunta necesaria es: ¿un niño se deprime?, y la respuesta de manera contundente es sí. Esto se debe a que la depresión es una enfermedad que no respeta edad, y que aqueja desde la infancia hasta la etapa de la senectud.

La infancia no necesariamente representa un factor protector que funciona a manera de escudo contra el trastorno depresivo mayor, por ello, en los últimos años se ha presentado una mayor atención a esta enfermedad, sobre todo en la manera en que afecta a la persona (en este caso al niño), y a las consecuencias de la misma.

 

¿Y qué genera la depresión?

El trastorno depresivo mayor es una enfermedad que se genera por muchos factores como situaciones de estrés, enfermedades médicas, y el uso de medicamentos o sustancias. Actualmente es una de las principales causas de enfermedad a nivel mundial. La OMS señala que en el mundo se encuentran más de 300 millones de personas afectadas por el trastorno depresivo mayor,  manifestándose a través de diversos malestares. En el caso de un niño se puede manifestar en los siguientes síntomas:

  • Ánimo enojado o triste la mayor parte del tiempo.
  • Pérdida de interés por actividades recreativas.
  • Cambios en el apetito (pérdida o incremento).
  • Cambios en el sueño (insomnio o sueño durante el día).
  • Dificultad para concentrarse.
  • Reproches constantes, señalando que no sirve, o que todo lo malo es su culpa.
  • Cansancio la mayor parte del día.
  • Mostrarse lento o inquieto.
  • Presentar ideas de ya no querer vivir o atentar contra su vida.

 

Síntomas recurrentes

Estos malestares no aparecen por unas horas o un día, esto dura mínimo dos semanas, provocando importantes problemas en su vida. El niño muestra desinterés por las amistades, prefiere encerrarse a jugar con otros. Disminuye su rendimiento en la escuela, comienza a descuidarse en su arreglo, empieza a despreocuparse por sus pertenencias. Estos problemas se manifiestan poco a poco, motivo por el que los padres en muchas ocasiones lo atribuyen a la presión de la escuela, o a que el niño es víctima de bullying.

Algunos padres prefieren que el tiempo pase para que el problema desaparezca así como vino; otros brindan pláticas o consejos para que el niño entre en razón y ya no sufra. Le repitan constantemente: “échale ganas”. También buscan el consejo o la asesoría de algún familiar y conocido. Desafortunadamente la depresión no es un problema que se resuelva solamente aconsejando o teniendo las ganas de ayudar.

 

Se Sufren Cambios físicos

El trastorno depresivo mayor es una enfermedad donde hay cambios en el cerebro. Existen unas sustancias que se llaman neurotransmisores, principalmente serotonina, noradrenalina y dopamina, que son mensajeros químicos, los cuáles durante esta enfermedad dejan de trabajar como deberían, y esto afecta circuitos en el cerebro que se encargan de modular las emociones, el pensamiento, la percepción, y aspectos físicos como el sueño o el apetito.

Dejar que la depresión se trate, no va a volver al niño ‘mal de la cabeza’, o va a empeorar los malestares y que éste se vuelva peligroso; esto no va a suceder. En cambio un episodio depresivo NO tratado, implica que el niño baje su rendimiento en la escuela, que tenga problemas constantes con las personas que le rodean (de conducta sobre todo),  o que en algunos casos pueda llegar a utilizar sustancias como el alcohol u otras drogas, complicando más su depresión como medida desesperada por encontrar una solución al malestar que en muchas ocasiones ni él mismo entiende, ni sabe cómo explicarlo.

Por este motivo se sugiere que cualquier madre o padre de familia que note los cambios que ya mencionamos, platique de preferencia con el niño, y le comente lo que ha notado. Después se recomienda acudir con un profesionista en salud mental ya sea psiquiatra o psicólogo,  quien le va a valorar y determinar el tratamiento más adecuado, que consiste en terapia o el uso de medicamentos. Estos últimos no son drogas y no se brindan de por vida. El tratamiento es largo. De acuerdo a las guías clínicas se recomienda de 6 a 12 meses, siempre bajo la asesoría de un profesional. El trastorno depresivo mayor es una de las enfermedades que sí se curan, siempre y cuando se siga el tratamiento al pie de la letra. Recuerde que la peor ayuda es aquella que uno no busca.

*La autora es Maestra y Médico Psiquiatra

 

Comentarios

comentarios