Ley de fomento al buen comportamiento en la mesa

Ley de fomento al buen comportamiento en la mesa
POR DIONISIO DEL VALLE

Hay momentos en que quisiera mejor rajarme, pero hoy sí me voy derecho y no me quito y si me pegan me desquito. Yo sé, no me lo tienen que recordar, que ser informal, casual y alivianado es más relajante y divertido que andar con protocolos y reglas de comportamiento social. El famoso manual de Carreño, hoy en absoluto desuso, era la cosa más aburrida del mundo, con sus estrictos códigos de conducta que hoy en día mueven más a la risa que a la llamada de atención. Pero la realidad es que todo tiene un límite y, hoy en día, hay cosas que, como decía mi abuela, me sacan de quicio. Inspirado en situaciones que algunos comensales llevan al límite de lo soportable, me  permito someter a mi culto y fiel cúmulo de lectoras, ésta carta de intención que pretende convertirse en una iniciativa de ley que voy a ofrecer, sin costo alguno, a algún diputado que me caiga bien (cosa que ya de por sí será difícil) para que con ella se proyecte a alturas insospechadas dentro de la política nacional, con la sencilla e inocente intención de que los sufridos comensales de este u otro restaurante, no sean víctimas de la barbarie, del mal gusto o de la pésima educación de parte de algunos insensatos parroquianos.  Pero además, que tales actos reprobables sean castigados con todo el peso de la ley, caiga quien caiga. Entrando en materia y saltándonos el promenólogo que justifica su propuesta, vayamos  a ver si están de acuerdo.

 

Considerando que, la convivencia en lugares públicos a la hora de disfrutar de los sanos alimentos a los que todo mundo tiene derecho, merece un mínimo de respeto para con los los vecinos de mesa, se tiene a bien considerar lo siguiente:

  1. A la madre, padre o tutor que, sin el consentimiento expreso de los demás comensales, permita que sus hijos salten, corran o deambulen entre las mesas del restaurante, se les sancionará con la expulsión automática del sitio con doble cargo de lo que hasta en ese momento hayan consumido.

Nota: Nada hay más detestable que tener que soportar a uno o más rapazuelos fuera de control ante la mirada impasible de sus progenitores cuando aquellos circulan, como chivo sin mecate, a lo largo y ancho del recinto en cuestión.

 

  1. Queda terminantemente prohibida la utilización de teléfonos celulares o radio comunicadores de cualquier tipo desde el momento en que se ingrese a la zona del comedor. Hacer caso omiso de lo anterior dará como resultado la confiscación del dispositivo de manera inmediata. Si además se utiliza el altavoz se dará parte a la autoridad para que proceda al arresto del infractor durante 36 horas y sin derecho a libertad bajo la modalidad de fianza o caución de tipo alguno.

Nota: ¿A qué tarado o tarada se le ocurre que todos tenemos que enterarnos de sus conversaciones a la hora de sentarnos a comer?

 

Y finalmente, todo el peso de la ley sin distinción de nacionalidad, sexo, edad, condición social o pensamiento político a quien se ubique dentro del siguiente supuesto:

  1. A toda aquella persona que sea sorprendida consumiendo cualquier tipo de brebaje, refresco, bebida energética o pócima diferente a un buen vino de mesa, ya sea por copa o por botella en compañía de cualquier tipo de alimento, se le impondrá una multa de mil quinientos salarios mínimos mensuales y doscientas cincuenta lagartijas diarias por el lapso de un mes, conmutables por la obligación de ver sin interrupciones diez programas de Venga la alegría, Hoy o cien mexicanos dijieron.

Esta ley entrará en vigor a partir de ya y su observancia es de carácter obligatorio.

(Responsable: La Comisión Nacional de Derechos del Vino)

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