Las copas, inspiradas en una mujer

Las copas, inspiradas en una mujer

Las copas, inspiradas en una mujer

 

POR ANA LAURA MARTÍNEZ GARDOQUI

 

Hay muchos estudios y teorías para responder a esta pregunta, lo que sí que es cierto es que la copa es el recipiente preferido para tomar vino, y lo es porque permite apreciar mejor sus cualidades. Podrías estar pensando que esto es para los puristas, pero haz la prueba después de leer esto.

El vino se bebe en copas por una razón muy simple: cualquier tinto, rosado o blanco, tranquilo o espumoso encierra cientos de sustancias volátiles y aromáticas que, sin la ayuda de una copa, se perderían en el aire, y con ellos el carácter del vino.

Y si decimos ayuda, es porque la copa funciona como amplificador de aromas; porque para que los aromas se volatilicen y le impriman carácter a un vino, precisan de una porción de aire.

Y si la copa no se llena hasta arriba es para lograr que se forme una cámara aromática. Eso explica, de paso, la obsesión por marear el vino en la copa: más se gira, más intercambio tiene lugar con el oxígeno, más aromas se liberan. Aromas que, concentrados luego hacia la boca de la copa, potenciarán la sensación del vino, sea tinto, blanco o rosado, de forma que ahí se produce un efecto amplificador.

 

Un poco de historia alrededor de “la copa”

Todo apunta a que los fenicios que empezaron a trabajar el cristal, fueron los que hicieron la primera copa, aunque otros sostienen que: los romanos o los griegos ya las usaban de metal o piedras nobles, así como los chinos que las hacían de jade. Lo curioso es que la copa como tal, con el pie, tallo y cáliz, no aparece hasta el siglo XVI, lo anterior, eran cuencos con pie. Pero tengo que decir que es difícil poner fecha y origen a todo esto.

Una de las versiones más conocidas afirma que en la Edad Media, Enrique II, Rey de Francia, estaba absolutamente enamorado de una mujer, la duquesa Diana de Poitiers y de su figura, así que ordenó a sus sirvientes encontrar la manera para que pudiese tener en sus manos los pechos de su amante hasta cuando él estuviese comiendo.

 

¿Cuál fue la solución?

Hicieron recostar desnuda, boca abajo, a Diana de Poitiers sobre un material moldeable quizá arcilla y de allí sacaron los moldes de sus pechos para crear los recipientes de porcelana en los cuales Enrique II bebería en los banquetes.

La misma historia también se recrea con Elena de Troya y con María Antonieta, cada una en su época. Esto explica también por qué se les llama copas a las dos partes que componen los brasieres femeninos.

Con una finalidad más comercial, en 2014 el restaurante londinense 34 Mayfair encargó a la artista Jane McAdam Freud, la realización de una copa inspirada a partir de la forma del seno izquierdo de la modelo Kate Moss, quien cumplía 25 años sobre las pasarelas.

Todas las copas, indistintamente para que vino estén recomendadas, en líneas generales deben cumplir con tres conceptos básicos y uniformes, como ser: una base o pie lo suficientemente amplia en proporción al resto de la copa para que ésta cuente con un buen punto de apoyo; un tallo (que es lo que une la base con el cáliz), de un largo acorde a la copa, para poder tomarla desde allí sin tocar la parte que contiene el líquido transmitiéndole el calor corporal; y por último un cáliz con tendencia a formar una especie de “tulipán”, con su borde superior levemente cerrado, para retener los aromas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

comentarios