La tan inevitable DECEPCIÓN…

La tan inevitable DECEPCIÓN…

Cómo asumir el sentimientos y salir adelante

 

 

POR LORENA CELINE DHIR

 

Si me preguntas ¿por qué?, te diré que no sé.

Nunca fue un motivo encontrarle una razón a un sentimiento vivo;

Si me preguntas ¿por qué?, te diré que es por mí;

que evocar amor de la nada, de pronto me hizo sentir más segura,

Si me preguntas ¿por qué?, no lo sé, ni lo sabré,

será una duda con muchas respuestas, que envuelven una nada a la vez.

Porque la vida es así; porque hay experiencias que tienes que vivir y no puedes evadir; porque parece de humanos fallarle a la vida, y fallarnos a nosotros mismos

, y porqué se vale aceptar que NO SIEMPRE causar dolor tuvo esa intención.

Si me preguntas, si te respondo, si enganchamos TODO, esto no pasará de ahí.

Reconozco mi dolor, reconozco el tuyo,

y espero que el deseo de sanar sea más fuerte que el de sufrir…

 

 

¿Y cuándo inevitablemente llega la decepción, qué hacer?

Vamos a pisar tierra, a colgar las ilusiones vanas fuera de los espejismos que se empañan cada vez que la estrella brilla y aún así la sentimos tan lejana.

Vamos a pisar realidad, a centrarnos en ilusiones factibles, no en expectativas; a separar el dolor de un shock emocional, de la muerte de un deseo ilusiorio que termina en decepción.

 

La decepción es la ausencia misma de la ilusión, palabra amiga del desengaño, palabra que hiere con traición.

 

Nadie se ha salvado de la sensación de depositar los sueños que de golpe se van a un vacío irrecuperable, que nos lleva a una derrota que no se vio venir.

La decepción es el sentimiento de frustración porque lo proyectado no se concretó o no salió como se esperaba.

Ojalá la decepción fuera aislada, fuera adjudicada solamente al amor, a la amistad, a un puesto laboral, pero no es así; la decepción surge siempre cuando hay una esperanza viva, que se frustra ante un fracaso situacional.

Sé que varios y muchos nos identificaremos al leer la palabra decepción sin necesidad de poner en las líneas un ejemplo, y cómo no, si como ser humano llevamos metas, ilusiones y proyecciones en las pestañas; esta sensación negativa cuando nos desprendemos de algo es inevitable.

La vida tiene matices que no siempre nos van a encantar, y que sacan emociones desde lo más profundo de nuestra alma, emociones qué tal vez ni siquiera sabíamos que existían. No podemos huir a esto, por el contrario, debemos aprender de ello, desde mí, desde adentro, desde lo que espero, desde lo que aprendo de ello.

Tampoco digo que la vida nos va a decepcionar siempre, pero sí que en ocasiones cualquier situación nos pondrá en esta posición, y la diferencia estriba entre quedarse atrapado y enganchado y responsabilizar 100 por ciento a factores externos, o a personas, o no hacerlo.

 

Aconsejable es que en el tema de la decepción, hagamos una introspección, pues aunque puede que no tengamos en sí, una responsabilidad al respecto,  valdría la pena valorarlo.

 

Ahora que menciono esto, me gustaría aclarar que es cierto que no siempre es así; no siempre está en nuestras manos; no siempre está en manos de el de enfrente; no siempre está en manos de cualquier factor… Es cierto que debemos hacer una introspección, y saber que obviamente yo tengo responsabilidad si me decepcionan, y a la vez también una persona o una situación determinada, pero es aquí donde debemos definir cuándo es de nosotros, cuándo es situacional, cuándo es por una relación o persona, o simplemente cuando es multifactorial o circunstancial, porque es sano y reconfortante saber, hasta dónde pude hacer algo, y hasta donde no.

 

Aceptación y oportunidad de un nuevo comienzo

Esta vez si voy a generalizar la palabra decepción, porque como dijimos puede abarcar desde una desilusión amorosa hasta un puesto laboral que no nos dieron, pero lo que si es cierto es que en todas las circunstancias en que la experimentemos, la decepción nos hace empezar de nuevo; nos hace pasar por la sensación de haber confiado de más o mal, y de ahí nos hace volver a empezar, aunque si la suerte es contraria, nos vamos al extremo de no volver a confiar.

 

Recomendaciones para cuando nos decepcionan.

  1. Aceptar que es una experiencia y que tenemos que aprender es un gran paso.
  2. Aceptar a poner límites en nuestras expectativas es otro gran paso.
  3. Resolver la pregunta, de dónde viene esto y para que me sirve vivir esto? Esa es la clave.

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