“La pintura y el arte me salvaron”: Óscar Ortega, artista visual

“La pintura y el arte me salvaron”: Óscar Ortega, artista visual

PERFIL Y OBRA

De carácter rebelde y atrevido. Se describe a sí mismo como quien buscar dejar un legado con su arte que se disfrute a 500 años de distancia.  

Por Ana Patricia Valay

Son miles de personas las que transitan a diario por el cruce de la considerada frontera más visitada del mundo, y mientras se da la inevitable espera, hay un testigo mudo que permanece erguido e imponente; se trata de una de las esculturas del artista visual, Óscar Ortega, que se ha convertido en símbolo distintivo de la región.

 

“Representa a Tijuana como la última esquina de Latinoamérica que al norte tiene una puerta hacia la cultura anglosajona y al oeste, una ventana que da hacia el mar”, nos dice su autor.

 

La escultura mide 11.80 metros en su punto más alto. En la losa circular se observan automóviles en bajorrelieve, describiendo ese flujo constante de vehículos que día con día transita hasta San Diego para estudiar o trabajar, y luego regresar por la tarde-noche a esta bella Tijuana.  Un 75% está cubierto de un acabado de rompecabezas de azulejos de colores cortados a precisión, y el 25% de cerámica plana pintada que describe una urbe controversial.

La idea, su idea, es dejar un legado con sus esculturas en toda la franja fronteriza.

 

“…..estas obras las llevo en un proyecto  de mojoneras culturales que se llama acotaciones, un magno proyecto de espacios públicos cerca del lado sur de la línea fronteriza entre México y Estados Unidos, en Tijuana, San Ysidro, y la Mesa de Otay”.

 

Sus esculturas en B.C.

En Baja California, esculturas de su autoría similares a ésta se pueden observar desde Playas de Tijuana, con Última oportunidad para ti madre; en la garita internacional Otay la de Nosotros Aquí, , una escultura de la que dijo podía provocar un sentimiento de arraigo entre sus espectadores, y hasta la Rumorosa con el Mirador ojo de águila que se conforma por herrería en la cúspide y una imponente escalera de caracol recubierta por decenas de altorrelieves, y de íconos de las pinturas rupestres de los antiguos kumiais en los lados redondos de la plataforma donde se puede descansar para ver el panorama.

 

En tus esculturas, en tus obras, ¿usaste de todo tipo de material?

“Utilicé figuración libre y azulejo cortado a precisión, una técnica de mucho trabajo pero que dura 500 años si se cuida”, afirma Óscar.

 

En el arte encontró su quietud

Originario de Gómez Palacio, Durango, Óscar fue traído a Tijuana por sus padres cuando era bebé, pues su papá tenía un negocio de fotografía en el centro de Los Ángeles, California.  “Éramos la típica familia tijuanense esperando que llegará el papá de trabajar toda la semana en Estados Unidos”.

Al hacer una retrospectiva dice haber sido un niño extraño, hiperactivo y ocurrente. “De todos los kinders me sacaban”.

A la edad de 9 años ya vivía en Playas de Tijuana, y como muchos otros jóvenes de su generación, se desvió por el camino equivocado, perdiendo en el ínter y de forma violenta a muchos de sus amigos.

Fueron tiempos difíciles, tanto así que decidió huir, y ‘lo encontraron’ las artes.

 

“La pintura y el arte, fue algo que me salvó de problemas muy serios porque soy de Playas de una generación muy brava de Tijuana. Estuve dos años escondido, gran parte del tiempo en la casa de la cultura donde gracias al artista de la vieja guardia Benjamín Serrano “el pinocho”, me dieron asilo, y empecé a dibujar”.

 

La ave. Revolución fundamental en su vida

Y fue justo en el corazón de Tijuana, la avenida revolución, lugar en donde charlamos para esta entrevista, donde le dieron sus primeros trabajos. “Un buen día en calle primera me pidieron unos rótulos”.

Óscar se involucró también con varias disciplinas artísticas. “La avenida revolución yo la trabajé del 85 al 89, en el Mr. Crown, mi mejor amigo, Alejandro Zuñiga, empezó a tocar y produje 2 o 3 videos. Luego Blanca Sheleske y yo rentamos una bodega donde inició el proyecto de Tijuana No, con Teca García, Luis Güereña, Cecy Bastida, Jorge Jiménez, Al Borja y a veces Julieta Venegas y Kilo Múzquiz”.

 

El cuadro en el Caesar’s Restaurant-bar

Es la mejor pintura de mi vida…”.

“De común acuerdo Julián (Plascencia) y yo, decidimos hacer una obra representativa de lo que fue la ley seca aquí en Tijuana. Y en ese tiempo, 1929, la gente adinerada de Estados Unidos venía, y la ciudad estaba repleta de gente. Es la mejor pintura de mi vida…”.

Es una obra preciosa que se encuentra en un salón privado del Ceaser que además tiene a “gente viva” en los personajes que presenta; hombres y mujeres de la vida cotidiana de Tijuana.

“Sentados en la mesa VIP, está de izquierda a derecha Joseph Torentino, un amigo que vive en Playas, que es neoyorquino de Rep. Dominicana con papá italiano, una maestra de baile de Mexicali que vive desde hace mucho en Tijuana, María Yzabal y le sigue la escultural Guille Blake, la diva de Playas de Tijuana”.

En otra mesa aparece Caesar Cardini preparándoles la famosa ensalada Caesar’s “gracias a el se hizo famoso el aderezo”, acota el artista.

La técnica utilizada es: acrílico polimérico. Aunque la que más lo enamora es la técnica de lápiz.

 

Dedicación absoluta

El artista visual, Óscar Ortega estudió hasta la preparatoria, pero eso no le impide adentrarse en la lectura, para entender a profundidad los temas que va representar.

“En cada obra he estudiado de lleno el tema. Estudio muchísimo.  He hecho muchos paisajes marinos y estudio a los pescados, los movimientos de las ballenas, los movimientos de los delfines, los movimientos de las orcas, los movimientos de los tiburones, del calamar, incluso ¿qué come cada uno?

 

“Me interesan mucho las técnicas. Fui a Roma a estudiar ingeniería 2 semanas y lo que están haciendo los italianos ahorita. Eso es lo que me interesa.  Me interesa llegar a hacer algo, que dure muchísimo en cuestión de materiales, porque soy estudioso de las técnicas”.

 

Y además del estudio, la dedicación.

“A cualquier cosa que haga le dedico el 110%, porque eso me lo enseñaron mis padres chapados a la antigua, que trabajaban de sol a sol. Había veces que a las 4 de la mañana se oía la maquinaría de mi papá, y eso me daba mucha seguridad. Y yo aprendí que con el trabajo te pueden hacer bueno en lo que sea”.

Es mucho el legado artístico que a Tijuana le ha dejado este hombre, como los murales bajo los puentes que ha pintado, pero sería interminable hacerlo. Sólo quisimos compartir un poco de su vida, de sus obras, sus técnicas y de cómo para él, el arte le dio una sentido muy diferente a su vida.

 

Comentarios

comentarios