La muerte para un hombre

La muerte para un hombre

Por Maru Lozano Carbonell

La muerte siempre ha sido objeto de profundas reflexiones religiosas, filosóficas y científicas, sin embargo, aceptar la idea es difícil sobre todo para los hombres.  Nuestro soplón de ahora tiene 45 años, empresario y nos comparte su reciente duelo.

¿Cuál fue el ser querido que falleció?

Mi esposa, tenía cáncer y fue una enfermedad que desgastó a la familia, la economía, la estructura entera.  Tenemos tres hijos adolescentes y era muy duro para mí lidiar con la enfermedad de mi esposa, las escuelas y la familia que, muy linda nos ayudó en todo, pero yo me sentía invadido.

Siendo una muerte esperada, ¿cómo preparaste todo?

Siempre tuve la esperanza que el tratamiento ayudaría, nunca hablamos de la partida, simplemente el proceso de la enfermedad, los doctores, los cuidados y todo lo referente a la casa, me mantuvo muy ocupado.  Una mañana, simplemente ya no despertó.

¿Qué fue lo primero que hiciste?

Llamar a mis suegros.  También al doctor que la atendía y ahí empezó el calvario porque nunca pensé en todo el papeleo que se requeriría.  Ella estuvo atendida con médicos y hospitales particulares, así que tuve que buscar documentos y ver en dónde serían los servicios funerarios.

¿Cómo reaccionaste físicamente ante la muerte?

Ni pensé en comer.  Todo mundo se preocupaba por eso.  Tenía que ser fuerte para mis hijos y la familia entera.  Dormía bien al principio porque acababa el día muy cansado, sin embargo, no quise estar en la misma cama, dormía en la sala.

¿Te tocó ser el fuerte?

Efectivamente, sobre todo para mis hijos adolescentes que estaban muy afectados y para mis suegros que estaban deshechos, era su única hija.

¿Cómo se enfrentó la parte económica?

Sigo padeciendo eso, fue una enfermedad desgastante en lo financiero, tuve que pedir crédito y préstamos para solventar incluso los servicios fúnebres que no quería que fueran en un lugar simple, era mi esposa, quería el mejor lugar.

¿Qué pensaste?

Sentí una carga inmensa en mis hombros, ya tenía bastantes meses llevando la casa, los hijos y a mi esposa enferma, sin embargo, en ese momento me sentí vacío y desorientado.

¿De qué sentiste tristeza?

Sentí tristeza porque mi compañera se fue, era una mujer extraordinaria.  Sentí tristeza que mis hijos no tendrían a su madre y yo tendría que ver su sufrimiento también.

¿De qué sentiste miedo?

En ese tiempo no sentí miedo, tenía mil cosas que sacar adelante, así que no tuve tiempo para detenerme.

Siento miedo ahora porque encontré una pareja que no sé si será aceptada por mi familia.  Todavía no se rompe ni se romperá el lazo con la familia materna de mis hijos y yo quiero re-hacer mi vida pero temo que mis hijos no la acepten o haya problemas.

¿De qué sentiste enojo?

Me enojé con Dios porque me quitó a mi pareja, me quitó la estabilidad del hogar que habíamos formando con tanto amor.   Me enoja que luchamos y nos esforzamos por sacar adelante la enfermedad y no se pudo, me enoja que el dinero no puede pagar la satisfacción de obtener salud.  Me frustra pensar que mis hijos no tienen a su mamá.

¿Las creencias religiosas influyeron?

Bastante.  La familia de ella es cristiana, la mía católica.  Querían servicio con ellos, yo con los míos y hubo discusión al momento de decidir qué hacer con el cuerpo y dónde poner sus restos al final.  Cuando mis hijos estén mayores, entre ellos decidirán dónde depositar las cenizas, mientras, las conservamos en casa en un altar para ella.

¿Cómo expresas o no expresas el dolor?

En las noches, de repente lloro al recordarla y sentir su ausencia.  También con mi actual pareja puedo hablar de ello.

¿Cómo lo enfrentas?

Lo enfrento trabajando como siempre, estando cerca de mis hijos y sus actividades y tratando de re-hacer mi vida.

¿Qué desórdenes se te presentaron?

De todo tipo, ahora padezco gastritis, todo lo que como me afecta.  No salgo ya con amigos porque siento que no debo, por mis hijos.  A mi actual pareja la frecuento porque trabajamos en el mismo lugar.

Tengo que hacer la vida social de mis hijos, llevarlos y recogerlos de los lugares a donde van con sus amigos.

¿Qué consecuencias en tus relaciones familiares, sociales o laborales tuviste?

Mi trabajo se vio afectado porque no podía rendir igual ni en tiempo ni en forma.  Sin embargo, cuento con un gran equipo de trabajo que me apoya incondicionalmente y trabaja espléndidamente.

¿La herencia fue problema?

Desde luego, ella nunca hizo testamento y ahora estamos con su familia viendo esos detalles para que lo que tenía, pase a los hijos pero sin descobijar a los abuelos.

¿Generaste algún cambio físico en tu entorno?

No se me ocurrió hasta que me recomendaron cambiar la recámara cuando se enteraron que dormía en la sala.  Lo hice pero me sentí muy mal.  La madre de mi esposa sacó todo lo de ella y lo destinó en parte a mi hija y otra a beneficencia.  Cuando ví vacío su espacio me puse muy mal pero sirvió para reacomodarme.

¿Cambiaste tu rutina?

Ya la había cambiado desde la enfermedad, mi rutina está enfocada en mis hijos.  Cuando uno se enferma o me llaman de las escuelas, mi rutina es un caos.

¿Recurriste a un tanatólogo o psicoterapeuta?

No, pero mi pareja opina que debo ir.  Estoy buscando para que todos vayamos, que nos demos el tiempo porque viene diciembre y la época es dura para pasarla por primera vez sin ella.

No cabe duda que el primer paso es permitir que la gente sea amable con uno, alimentarse sanamente, recurrir a la gente y no aislarse y por supuesto, ayudarse de un especialista.

 

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