Hombres y mujeres, nuestros distintos lenguajes

 Hombres y mujeres, nuestros distintos lenguajes

Por David Sotelo Felix

¿Quieres conocer a alguien? Fíjate a qué le da importancia tanto en su lenguaje verbal como en el corporal. La verdad es que no necesitas ser un experto en el comportamiento humano para hacer algunas inferencias acertadas. Pero entender algunas diferencias básicas entre la comunicación masculina y femenina, te ayudaría en mucho. Y es que las hay, y conocerlas te permitirá una interacción más clara y efectiva.

Para empezar y en términos generales, podríamos decir que los hombres centran su comunicación e interacción humana en la solución de problemas, mientras que las mujeres la ocupan más para transmitir sus emociones y encontrar conexión humana con él o la otra.

En otras palabras los varones parecemos estar más interesados en descifrar incógnitas, resolver o “componer” cosas, situaciones y hasta personas, mientras que las damas valoran más el acompañamiento, el intimar emocionalmente, y compartir ideas, sentimientos y problemas.

Es común que haya problemas de comunicación y sentimientos de frustración cuando después de un duro día de trabajo, la esposa desea “ventilar” con su hombre, cómo se sintió exigida por su jefe. Su objetivo (como el de la mayoría de las mujeres, aunque no se da con todas en estas situaciones) es simplemente ser escuchada empáticamente por su pareja. Pero ¿qué hace el varón? Comienza a ofrecer soluciones y estrategias de cómo “resolver” esa “bronca” con su jefe.

Aquí pongan atención chicas: No es que tu hombre este tratándote con condescendencia, o que se esté haciendo el “sabelotodo” (aunque en algunos casos si se da, lo tenemos que decir). Al plantearle ese escenario del pesado día en el trabajo, él escucha, indebidamente quizá, un llamado de auxilio, una solicitud de ayuda, un “¡dime que hago porque siento que voy a estallar!”, y de ahí es que ofrezca soluciones y asesoría no solicitada de tu parte.

¿Resultado? La mujer se siente no escuchada, no validada en su sentir, frustrada, y hasta enojada, porque en lugar de recibir empatía, su hombre le da pasos a seguir. ¿Y al varón le afecta esto? Claro que sí, pues él queda confundido, sorprendido, y no valorado en sus “geniales” soluciones. Por lo mismo se siente inefectivo o ineficiente porque no “resolvió”, y también desanimado y frustrado, preguntándose: “pues, ¡¿qué es lo que quiere ésta?!”

Sin estereotipar por género, pues siempre habrá excepciones a la regla, podemos partir de que los hombres, tanto en su comportamiento como en su comunicación, tenderán a estar centrados en la tarea, los objetivos, los resultados, lo práctico y lo concreto. Mientras que las mujeres tienden a darle prioridad a los sentimientos, las relaciones, su mundo interno.

La mayoría de los varones no compartirán sus dudas, indecisiones y temores. Lucharan con sus demonios en medio de desiertos mentales, y una vez terminada la batalla, quizá, si triunfaron, regresen con anécdotas de guerra. Si perdieron, muy probablemente lo sigan viviendo en silencio, y sólo alcancemos a suponerlo a través de sus actitudes y bromas. El hombre en su comunicación reporta. Reporta logros, triunfos, avances y aspiraciones. Rara vez comparte fracasos o sentimientos. Por el contrario, la mujer en su comunicación, comparte: temores, deseos, experiencias y afectos. Si comprendemos estas diferencias y las tomamos en cuenta tanto al emitir, como al recibir mensajes entre los géneros, y sobretodo, respetamos las diferencias, y dejamos de querer hacer que el otro sea más como nosotros, renunciamos a la estupidez de ver al hombre como una mujer defectuosa y viceversa. Sólo entonces tendremos alguna esperanza de comprendernos y acompañarnos de verdad.

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