Hipocondría

Hipocondría

RECOVECOS

Por Maru Lozano

¡No bueno! Hasta sabemos el nombre y apellido de lo que creemos padecer de repente.  Incluso vamos al doctor y le decimos que tenemos una enfermedad llamada ‘tal’, y pides que te dé algo.  Claro, esto después de haber hecho un exhaustivo estudio en internet, rebotado ideas con amigas específicamente seleccionadas por ti para que te digan y reafirmen justo y más de lo que estás pensando.

La angustia y el dolor de la enfermedad ya bautizada por ti, causan una situación sentimental incómoda, porque agrégale a esto, que a pocos de los de tu casa les importa y se muestran indiferentes.

Ser doctor y paciente no combina.  Ser hipocondríaco y miembro de una familia ¡tampoco!  Es que luego pensamos que de la enfermedad de que murió tal pariente cercano -al aparecer un síntoma como el que esa persona tuvo- ya la tenemos, y proyectamos nuestro futuro catastrófico en nosotros inmediatamente.

 

¿Y cuando el Dr.no le halla?

 

Por otro lado, si de repente duele la cabeza, el doctor no le atina y trata amibas, estrés y demás adjudicaciones, pero se trataba de un tumor, ¿qué hacer entonces?

Aquí hay que nombrar un administrador de ambos y se llama psiquiatra o mejor un neuropsiquiatra.   Como está facultado en medicina, sería el indicado para canalizarnos si estamos en cierta necesidad.  Busquemos a este tipo de expertos porque habrá doctores que hartos y seguros de la hipersensibilidad, dirán: “Usted no tiene nada”; y así, nos frustraremos y gastaremos los millones de consultorio en consultorio.

Hay situaciones que generan hipocondría:  Edad avanzada, depresión, ansiedad y trastorno de la somatización, que es cuando se superan los mecanismos de defensa para la ansiedad y se saca por un órgano del cuerpo.   Y es que en este último caso, en lugar de aterrizar en mi medio ambiente y analizar qué generó mi ansiedad, prefiero entonces lidiar con medicinas haciéndolas responsables de mi curación.  Es más fácil porque es algo tangible, lo otro suena como vano y loco de tratar.

Es increíble, pero muchas nos pasamos la vida avocadas en cuerpo y alma a despreciar la perfección del ser que habitamos, ‘tirándole’ a lo mal que funciona una parte de nuestro cuerpo, un órgano…   Pero mejor pensemos en un todo, porque si se te poncha una llanta del carro, no llevas la llanta nada más a reparar, hay que llevar el carro completo para empezar o terminar el asunto ¿o no?

Nadie dice que no nos enfermamos en algún momento, pero al tener un dolorcito, una gripa leve o recarga estomacal, y no tratarlo como tal, lo terrible sería imaginar que es una enfermedad grave-gravísima, y ponerse en la búsqueda frenética de atención para podérnoslo demostrar y argumentar con buena terminología cuando estemos ante el especialista.

Al rato no nada más es hipocondría, también histeria, porque se sentirá feo que nos quieran pasar la bolsita de estraza para inflarla y aminorar la congoja.

 

Cuidado porque esto puede perpetuarse en tus hijos

La edad significa que tendremos más experiencias en la vida, entonces tenemos muchísimo material de donde sacar conectes para armarnos diagnósticos, historias clínicas y hacerlas reales, porque recordemos que si alguien es inteligente y con el recurso, es un hipocondríaco.  No cabe duda que la ignorancia protege en cierto sentido.

¿Ya estamos cayendo en cuenta, lo maravillosos e instantáneos que somos?  Si pensamos fervientemente que se nos entume una mano, ¡ésta se entume!  ¿Por qué no ordenar y reprogramarnos a funcionar desde el equilibrio natural que es perfecto y auto-sanador?   Si nos cortamos, solita cierra la herida.  A veces no vemos tal espectáculo porque nos vendamos ¿cierto?

¡Aguas! porque ese ejemplo consolida creencias equivocadas en los hijos y se vuelve todo un modelo generacional.

Tanto dinero que podría costar un estudio de última tecnología innecesario por realizar, podría invertirse a gastar mucho menos que eso en un experto que nos acompañe y guíe con seriedad.  Aceptemos esto y relajémonos mejor.  No vale la pena desgastarnos económica y emocionalmente, y con ello, alejar a nuestros seres queridos.

 

Consejos y aspectos a tomar en cuenta:

  • No googlear enfermedades, porque afecta y nos volvemos disfuncionales en todos sentidos.
  • Los que nos rodean aprenderían de la hipocondría y se comportarán igual tarde o temprano.
  • La hipocondría se resuelve y se controla; profundizar en la base de esto es educarnos para la vida con sensatez.
  • Es mejor atender la depresión o ansiedad con un especialista en psiquiatría y psicoterapia para sentir paz y bienestar.
  • No son mañas conscientes, por eso hay que recibir ayuda.

 

AL INTERIOR DE UN HIJO

 

“Me revienta llegar a la casa y ver a mi mamá quejándose por todo. Me tengo que aventar sus dictámenes médicos hechos por ella misma, y lo peor, que me hace partícipe de ello.  En lugar de sentarnos a ver una película, tengo que acompañarla al doctor”.

Hilda, 21 años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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