Haydee Laborín, detrás de su silencio

Haydee Laborín, detrás de su silencio

 

Manos privilegiados que invitan a la transformación…como la mariposa

 

Por Ana Patricia Valay

Haydee es una mujer de sonrisa bella, abierta y muy extrovertida. De dulce voz y facilidad de palabra, sin embargo a través de sus habilidosas y talentosas manos, es que ha logrado comunicar más allá de la palabra, lo que desde su propia concepción las mujeres no debiéramos callar jamás: el amor.

Manos, cuerdas, corazones rebosantes, mujeres en posición fetal, hombres con las manos cubriéndose el rostro, y coloridas mariposas en técnicas diversas como: óleo, acrílico y encausto, son algunos de los cuadros que integran la serie “Detrás de su silencio”, que Haydee expuso junto a otros artistas de renombre, en el “Latin American Art” de SD , donde se da lugar esta charla.

 

Tijuanense hasta  las entrañas

Haydee es la más pequeña de seis hermanos; sobreviven sólo cuatro. Nació en Tijuana y es hija de padres tijuanenses. Sus ojos brillan cuando habla de ellos. “Mi papá era un comerciante de toda la vida. Su negocio, los seguros, y ya cuando tuvo estabilidad económica apoyo al DIF, al club rotarios, y a la cruz roja. Fue un hombre que dejó una huella muy grande, lo que hasta la fecha me ha abierto muchas puertas”.

“Desde hace dos años que no está con nosotros”, evoca Haydee con nostalgia, recordando que el nombre de Don Rigoberto Laborín Valenzuela, todavía resuena en esta ciudad fronteriza.

 

¿Qué legado sientes que te dejó tu papá? 

—El servicio y el contacto humano. Era una persona con un don para enamorar a la gente. Era una persona a la que lo movía mucho el servicio.

 

¿Y tu mamá?

Mi madre estuvo muy presente en casa; siempre cercana a nosotros, pero también movida por el servicio. Se sumó al grupo de damas católicas, un grupo altruista de renombre en Tijuana al que todavía pertenece.

 

Su inclinación  por el arte

 

Sus padres le inculcaron valores y el entregarse a los demás, tal vez por eso, inconcientemente se inclinó a la enseñanza.

“Fue algo muy curioso que me ocurrió hace muchos años. Siempre he pintado y a uno de los amiguitos de mis hijos le encantó que yo pintara, y yo lo ponía a dibujar a mi lado. Y entonces me dice mi vecina que si le doy clases de pintura a su hijo. ‘Pues no se dar clases’, le digo, ‘pero tu tráetelo. Yo pinto aquí y él que se venga a pintar’.

 

Así tuvo a sus primeros alumnos. “Me encanta enseñar, y hasta la fecha lo sigo haciendo, y creo que nunca lo voy a dejar”.

 

Y cuéntame, ¿cómo es que te inclinas a ser artista visual?

—Mira decidí estudiar diseño gráfico en el 86, que era una carrera muy nueva en Tijuana, y nuestros maestros no eran los tradicionales diseñadores gráficos que había en el interior de la República. Cuando mucho había dos o tres titulados como diseñadores. Así que tuvimos la fortuna de tener a muchos maestros plásticos, a ilustradores, serigrafistas, etc. Ellos nos enseñaban todas clase de técnicas, porque eso es lo que ellos sabían, pues en mi tiempo la carrera era muy manual, y me incliné por la ilustración.

 

Lo cierto es que la egresada de la IBERO pintaba desde niña.

 

“Pintaba desde pequeña lo que me fuera encontrando. Y mi mamá bien linda…. estábamos en el mercado, y siempre me acercaba ‘a algo’ para que yo lo estuviera dibujando, porque yo se lo pedía; era algo innato en mí.

 

—Y ¿qué te gustaba pintar?

De chiquita dibujaba por dibujar. Si me gustaba una muñequita la reproducía, y mi técnica era el lápiz. Me gusta mucho el misterio,  todo el mensaje que hay detrás de una obra. Porque una cosa es lo primero que ves, pero ya después, empiezas a rascarle un poquito más, y a buscarle lo que hay detrás. Hay mucha simbología que también ‘me trastorna’, me encanta.

 

  El llamado de la virgen

 

¿Y cuándo dejaste de pintar sólo para ti? 

Mira, ésta virgen de Guadalupe que está enmarcadita, la hice para mí, y compartirla en facebook, una de mis amigas me llama para contarme lo que sintió después de verla. No se me olvida su testimonio. A partir de ahí fue mi mejor promotora, porque me empezaron a pedir vírgenes de Guadalupe

 

¿Y cómo fue que empezaste a pintar otras cosas? 

Pues tenía necesidad de cambiar. No que estuviera ciclada en la virgen, la adoro, pero yo creo que también uno va madurando y pasando por diferentes fases de la vida y el amor, y yo siempre he sido una romántica completa. Además de que al haber crecido en un ambiente protegido, y bajo ciertos lineamientos, esto hizo que sintiera la necesidad de expresar lo que traía en silencio.

¿Fue tu manera de comunicarte? 

—¡Sí! esta serie se llama: Detrás de mi silencio. Mi mensaje con esta serie en particular es decirte que no tengas miedo de vivir el amor, pues muchísima gente dependiendo de la cultura y de las enseñanzas, no se da permiso de mostrar el amor. Hay muchas limitantes. Muchas cosas que te impiden vivir la etapa de estar enamorado, y poder compartirla.

¿Y qué te deja el exponer?

—Yo creo que lo acabas de decir la palabra: te expones. Yo creo que esto es lo que es este giro de trabajo. Te expones, a crítica y al halago, pero es bien padre, porque es una etapa de crecimiento. A mi me gusta que la obra mueva a la gente, y sea algo más allá de meramente decorativo.

¿Y por qué en tu obra, en la parte final escogiste a la mariposa?

—Pues por la transformación que tiene la mariposa. Empieza por una oruguita insignificante podemos decir, pero que cumple sus funciones en la naturaleza, y luego llega a su etapa de transformación. Yo creo que cualquiera de las personas tenemos esa bendición aunque seamos humanos.

 

Antes de despedirse de esta servidora, Haydee Laborín, esposa y madre de tres hijos, le deja un mensaje a nuestras lectoras.

 

“Que sean como mariposas…… que vuelen, que encuentren sus alas”. 

 

 

 

 

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