Hasta la cocina…

Hasta la cocina…

Por Psic. Daniel Vázquez Montaño

“¿Hasta dónde podemos/debemos permitir la influencia de nuestra familia de origen (padres, hermanos, tíos, etc) en los temas y decisiones de nuestra propia familia, así como de nuestra relación de pareja en sí?”, “¿Qué es un límite sano en este tema?”. Estas son un par de preguntas que con cierta frecuencia escucho en el consultorio.

Y son preguntas muy válidas, ya que es un frecuente motivo de conflicto en muchos matrimonios, donde uno de los dos le da prioridad a la opinión de los padres o de los hermanos propios por encima de la opinión de su cónyuge, lo cual desde luego viene a empeorar los problemas de pareja.

Los escenarios

Existen dos tipos de escenarios en los cuales puede darse un conflicto de intereses entre la familia de origen y nuestro cónyuge. El primero, es cuando se da algún roce entre alguno de nuestros padres, hermanos o tíos vs. nuestra pareja, por lo que nos vemos obligados a tomar partido. El segundo, cuando hay que tomar una decisión importante que concierne a nuestra familia (es decir, nuestro cónyuge e hijos propios) y alguien (o todos) de la familia de origen quieren influir en la toma de decisiones (sea sobre la crianza de los hijos, las finanzas familiares, etc.).

En el primer caso, mi consejo es sencillo: en medio de un conflicto entre familiares y cónyuge, más vale equivocarse a favor de nuestra pareja, que tener la razón a favor de nuestra mamá o papá o de quien se trate. ¿Porque? Simplemente porque es con tu pareja con quien vives y duermes, y si públicamente tu lealtad la colocas del otro lado, estarías incurriendo en un acto de deslealtad que sería muy difícil perdonar por parte de tu esposo(a).

La lealtad es uno de los principales pilares del amor y del matrimonio. Dicha lealtad se manifiesta apoyando a nuestra pareja en las buenas y en las malas. Cuando tomamos partido en contra de nuestra pareja y sobre todo de manera pública, dicha lealtad se puede romper. Esto no quiere decir que en privado no puedan discutir aquello en lo que no estén de acuerdo. Pero ventilar diferencias en público, por un lado suele ser de mal gusto y por otro, no hace más que generar resentimiento en la relación.

En el segundo tipo de casos, toma de decisiones, las cosas también suelen ponerse ríspidas cuando no tenemos límites bien delimitados. Las finanzas familiares, la relación de pareja, la crianza de los hijos, por poner algunos ejemplos, son temas que deben discutirse y decidirse única y exclusivamente entre los cónyuges. Se vale solicitar opiniones de terceros, pero la decisión final debe tomarse en el seno del matrimonio.

¿Qué compartir?

Incluso en el pedir opinión puede haber problemas, ya que no siempre ambos están de acuerdo en compartir con otras personas ciertos temas que pueden ser sensibles para uno de los dos. Esto también debe platicarse y llegarse a un acuerdo sobre qué sí y qué no desean compartir por fuera. Algunos temas quizás sea mejor idea consultar con un profesional, antes que con familiares.

Cabe mencionar que si se te complica poner en práctica las recomendaciones arriba mencionadas, podría ser señal de que aún no has cortado el cordón umbilical del todo, por lo que padeces una dependencia acentuada de tu familia de origen. Mucho cuidado, ya que puedes estar afectando tu matrimonio.

 

Datos de contacto del Colaborador

daniel.vazquez@cosasdepareja.com

www.elAmornoesSuficiente.com

 

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