¿Grenache o Garnacha?

¿Grenache o Garnacha?

Por Dionisio del Valle

Soy una uva orgullosamente aragonesa, aunque hace algunos años, a principios del siglo pasado para ser más precisa, me llevaron a vivir a La Rioja, lugar en el que he echado profundas raíces y al que debo buena parte de mi prestigio, del que ahora disfruto de manera sinigual.

Nunca he renegado de mi nombre original que es Garnacha acompañando con orgullo a mi hermana mayor, la Tempranillo. Es cierto que soy más conocida por mi apelativo francés, debido principalmente a los extraordinarios vinos que se elaboran conmigo en la región del Ródano, en particular los que se producen en la famosa Denominación de Origen Chateauneuf-du-Pape, en la que llevo la voz cantante de la mano de otras doce variedades que estamos autorizadas para elaborar los vinos tintos de dicho lugar.

Prefiero los lugares cálidos y secos, y generalmente mis frutos maduran tarde, en comparación con otras variedades. Además los enólogos son muy cuidadosos conmigo ya que soy muy propensa a la oxidación cuando se descuidan los niveles de temperatura ambiente durante el proceso de conversión de mi mosto en vino.

Me vienen bien las fermentaciones lentas y a temperaturas relativamente bajas. La Tempranillo se burla de mí diciendo que soy pre diabética, por mi alta concentración de azúcar, pero está más que convencida que soy, junto con nuestras primas la Mazuelo y la Graciano, sus mejores aliadas.

En particular le aporto a los vinos de mi tierra vigor y fuerza, y cuando tengo cierta edad, mis frutos dan como resultado vinos de matices oscuros y de carácter tánico, lo que se traduce en caldos con cuerpo, robustos y de notas aromáticas complejas que pueden transitar de los aromas que recuerdan a la fresa y a la frambuesa, y a otros más intensos, como el jengibre, la piel curtida y hasta sutiles notas de alquitrán, específicamente el olor de la resina.

También, si el enólogo así lo desea, soy capaz de producir vinos rosados de extraordinaria calidad, o tintos ligeros y alegres. Como ven soy una variedad de lo más versátil.

Cuando llegué a México, ya se imaginarán: ¿Qué te llamas Garnacha? ¡No puede ser! aquí las garnachas no se beben, se comen. Quizás esa sea la razón por la que los productores prefieren llamarme Grenache. Y no crean que mi caso es único, para nada, sucede lo mismo con mi hermana la Cariñena, a la que también se le conoce más por su nombre francés: Carignan. Por cierto, aquí entre nos, se dice que nosotras dos somos las candidatas más fuertes para convertirnos, algún día, en la uva emblemática de México, el tiempo lo dirá. La realidad es que las dos somos variedades que nos hemos adaptado de maravilla al terruño bajacaliforniano.

Ejemplos de mi caso sobran y aquí les doy algunos nortes. El Artigiano de Fratelli Pasini y el Pagano de Hacienda La Lomita, dos vinos de complejidad media, con aromas de fruta roja, vainilla, tostados y especies. El Maat de Joaquín Prieto, los claretes de Casta de Vinos y Maga, llamados Pitaya y Magia Rosa respectivamente y, por supuesto, los repetidos ensayos de Hugo, un enólogo que ha logrado entender muy bien mi ruta de vida en estas tierras.

Así es que ya lo saben, cuando anden de antojo, las garnachas no solo se muerden, ¡también se toman!

 

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