¿Estas list@ para perdonar?

¿Estas list@ para perdonar?

SALUD EMOCIONAL

 

Por Lorena Celine Dhir

Perdonar es un acto de amor hacia otra persona, o mejor aún, hacia ti mismo, pero reconocer que no estás listo para perdonar es también un profundo aprendizaje.

 

¡Crece y cree!

Jamás una rosa lamentó tener espinas, y sus pétalos nunca dudaron de caer y dejarse arrastrar por el viento, aún sabiendo que no volverían al lugar que las vio nacer.

¡Crece!, dolerá pero renacerás. En el camino, las personas que ya cumplieron su función en tu vida se irán, las que no te hagan ruido ni se moverán, pero las verdaderas amistades te acompañarán a pesar del dolor que les causen las lágrimas que en el proceso puedan verte derramar; acompañarán tu alma hasta que tu madurez resucite entre la calma.

¡Crece!, que no se te escape la vida cuidando que nadie se aleje. Crece y cree, confía…

La zona de confort siempre ¡termina dando comezón!

 

No fuerces el perdón

Cuando hablo de reconocer si es tu tiempo de perdonar o no, lo digo a nivel consciente y no por estrategia conformista.

Siempre nos han alentado con el poder del perdón, y no dudo de ello, pero también sé que la gente que no ha podido perdonar se lamenta de ello, o peor aún, se siente con el alma maléfica y despiadada cuando no nos han mostrado qué hacer. Conscientemente NO estar listos es un proceso válido que ayuda a trabajar otras herramientas de nuestra vida, que finalmente nos lleven al perdón como un proceso natural y no forzado.

Recuerdo una técnica grupal. Yo tenia aproximadamente 15 años, era mi último año en la secundaria; hicimos un circulo y uno a uno pidió disculpas a quien hirió, o lastimó con palabras, golpes o rechazo. Después de cada disculpa o perdón había silencio. Después del silencio: lágrimas, y después de las lágrimas, un abrazo nato y digno de aceptación, y regocijo de paz.  Éramos jóvenes, ni siquiera apunto de entrar a la adolescencia, y ya estábamos heridos y sin saber lo que traía a nuestra vida la palabra perdón.

 

El alivio del perdón

No importa la edad, el alma es tan extensa que siempre habrá alivio al disculparse ante un niño de 5 años al que se le regañó injustamente, o ante un adulto a quien se le lastimó.  No es mentira, el perdón sana. Perdonar y perdonarse es un acto benévolo para quien lo otorga y acepta.

Sin embargo está el otro lado de la tortilla. Aprender a perdonar es un acto sublime, un proceso de adentro hacia afuera, pero saber el momento y el tiempo, también es madurez emocional.

No siempre estamos preparados para dar o recibir el perdón, y no significa que esté mal o que dañe permanentemente. Saber reconocer que no se está preparado para dar ese salto es de humanos. Ojo, no significa dejar pasar y entrar a una zona de confort, sino todo lo contrario, decir: no estoy listo o no es mi momento; es entrarle al proceso interior, preparase como proceso natural y no forzado, trabajando emocionalmente para dar el paso del perdón.

 

También hay que perdonarse

Cuando hablamos de perdón nos imaginamos inmediatamente una infidelidad, una traición, un acto de guerra, actos violentos y demás…. pocas veces viene a nuestra mente el daño intrínsico auto provocado; pasamos por alto las exigencias hacia nosotros mismos, las promesas que hicimos y no cumplimos. Las metas que no se hicieron al mismo compás de tu mente y tu imagen, no se parecían en lo más mínimo a aquella revista; la vez que no estuviste cuando debías para cualquier persona, cuando rompiste el corazón de alguien ajeno, o cuando te enamoraste y te culpaste.  ¿Cuántas veces fallaste y no te permitiste ser humano, y ni siquiera te atreviste a perdonarte?

Hoy por hoy, juzgamos y anhelamos; avanzamos en automático y el ritmo rutinario nos evade, pero dentro de todo, agradecer lo vívido antes de perdonar es esencial para encontrar no sólo tranquilidad sino alivio.

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