El perdón

Muchas veces, durante nuestra vida sentimos cierta incomodidad interna que no siempre logramos definir con exactitud. La cargamos por mucho tiempo hasta que nos damos cuenta qué es; la falta de perdón hacia los demás puede ser un paso muy difícil y aun más cuando el perdón es hacia uno mismo. No puedes amar en su totalidad a los demás si no te amas genuinamente a ti primero y ese es el mismo principio con el perdón.

Cada día es un regalo y no hay mejor manera de empezarlo que con una actitud positiva, sin embargo, algunas veces amanecemos desganados y con cierta pesadez, lo cual provoca que nos cueste más trabajo disfrutar de la vida.

 

Ninguno estamos libres de heridas, así como frustraciones, decepciones, problemas, traiciones, conflictos en las parejas, en las familias, entre amigos y demás. Juzgamos cada evento que vivimos conforme a nuestras experiencias y creencias, en nuestra mente es clasificado como bueno o malo, decidimos si es justo o injusto, a veces estamos contentos con lo sucedido, otras veces lo rechazamos, pero todos tenemos en algún momento la necesidad de perdonar para restablecer la paz.

El problema cuando rechazamos una realidad que no nos parece es que nos cargamos de frustración y ésta intoxica nuestra mente y nuestro cuerpo. Para liberarnos de esta carga innecesaria debemos soltar, en otras palabras “perdonar”. Todos tenemos en algún momento la necesidad de perdonar para disfrutar de la paz, tanto externa como interna.

 

El perdonar requiere ser consciente de lo ocurrido, no necesariamente borrar lo sucedido ni olvidarlo por completo, sería una tarea imposible de lograr, pero sí trabajar nuestras emociones para que éstas no nos afecten en forma negativa. El poder que tiene el perdonar a una persona es una fuerza que alivia todo sufrimiento empezando por ti mismo.

Ahora es el momento perfecto para examinar dentro de ti todo resentimiento, dolor, tristeza y pensamientos negativos que consciente o inconscientemente cargas. Hoy puedes tomar la decisión de liberarte de ello y que no te afecte más. Vence a tu ego y date permiso de descansar y vivir en armonía contigo mismo y las personas que te rodean.

Después de un disgusto o pelea, nunca te vayas a dormir sin pedir perdón.

 

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