El hombre con corazón

 El hombre con corazón

El hombre con corazón

POR MARU LOZANO

 

“El mes en que nosotros los hombres también queremos expresar lo que sentimos. Hoy día y para nuestro beneficio, ya podemos decirlo todo sin que esto represente ser menos masculinos.”

Así nuestro soplón de hoy que, con sus 34 años nos cuenta cómo ve las relaciones amorosas. Encargado de gerencia general en un prestigiado almacén, lo primero que dice es justo eso, que por su trabajo le cuesta un tanto pasar más tiempo con su pareja.

“Lo que me encanta de mi novia, con la cual llevo dos años, es qué hay mucha confianza.  Yo realmente necesito que haya la seguridad suficiente en mí para poder sentir que la tengo pero que puedo trabajar a gusto, viajar con mis colegas y superarme cuando tengo que hacer educación continua.

Es como un apego emocional y positivo, la tengo, pero no siento presión por trabajar en mí, trabajar en la empresa y además de todo, trabajar en ella.

Un apego que no ha sido fácil de superar es el familiar.  Acaban de pasar las fiestas y les importó muy poco mis responsabilidades generales y me reprocharon en bola. ¿Qué me hizo sentir mejor? Mi novia.  Ella me escuchó, me mimó sin decir mucho, solo me dio un acompañamiento real, lo cual bastó para querer salir corriendo a sus brazos.

Siempre que estamos juntos, siento temor de que se acabe o suceda algo malo porque realmente me siento entero.  Esa sensación de que es demasiado bello para ser verdad. Para mí es esencial que me exista respeto por nuestros espacios, tiempos, lugares y turnos para comunicarnos.  Algo que estipulamos desde el inicio es no tenernos agregados en nuestras redes sociales y nos ha funcionado.

No me está atosigando con mensajes como a mis amigos les pasa, siento que es muy prudente porque cuando yo la saludo o le llamo, ahí sí me pregunta cómo estoy, cómo va todo… se preocupa, pero en buena medida.  Sé que le importo porque me escucha sin juzgar.  Me ayuda cuando algo no va bien, ella me toma de las manos, me permite hablar todo lo que necesito y ya que pasa un buen rato me da su punto de vista, pero no me hace sentir como un tonto si es que fallé. De hecho, siento que la puedo sorprender y de algún modo, nos admiramos el uno al otro.

 

Me gusta estar solo de repente y no puedo creer que sea mi madre la que me moleste tanto.  Todos los días me llama, me agrada, pero me estresa porque nunca soy lo suficientemente bueno, siempre hay algo qué reprocharme.  Me reclama que no la visito, pero la verdad me siento abrumado.

En la intimidad, hay muchas cuestiones que tengo que pulir porque estoy tan cansado que suelo quedarme dormido sin platicar lo suficiente con ella, aunque te confieso que descansar y abrir los ojos con ella es de los placeres que más disfruto y valoro.

Me falta decirle con palabras y con mayor frecuencia que la amo, no debería posponerlo tanto.  Me fascina que es muy trabajadora y productiva, tiene metas.  Cuando le pregunté cuáles son sus sueños, me contestó que tener un carro mejor, estudiar un posgrado, subir de puesto, formar su propia familia, viajar… Yo esperaba me dijera que encontrar al hombre que la mantuviera, etc.  Nuestra idea de compartir y caminar juntos es lo que me tiene ligado a ella.  Me siento libre y sé que pertenezco a un corazón que sí me late.”

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