Don Gustavo González Espinosa, el hombre detrás del Pasaje México

Don Gustavo González Espinosa, el hombre detrás del Pasaje México

HOMBRES DESTACADOS

 

POR ANA PATRICIA VALAY
Don Gustavo González Espinosa es sin duda uno de los incansables y distinguidos forjadores que ha tenido la Tijuana Moderna, y que han cimentado gran parte de lo que hoy por hoy es esta ciudad fronteriza. Un importante pilar del comercio en pleno corazón de la ciudad, logrando no sólo el crecimiento y fortalecimiento de la Avenida Revolución del siglo pasado, sino involucrándose también en la vida social de la comunidad siendo miembro notable del Club Campestre Tijuana, y participando en labores altruistas como cuando brindó ayuda a niños con problemas de visión y labio leporino.

Hoy, a sus 95 años de edad, Don Gustavo se puede preciar de además, haber sido un gran amigo, esposo, abuelo y bisabuelo.

Aquí un poco de su historia, que pretende fungir como un breve homenaje de Mujer Actual a su importante trayectoria, que ha dejado ya, una huella imborrable en nuestra querida Tijuana.

¿Cómo llega a Tijuana?

Don Gustavo cuyas raíces son mexicanas, nace en Estados Unidos, pero a la edad de seis llega a esta ciudad fronteriza. Su familia vivía una situación económica precaria y no tenían un lugar donde vivir, pero como nunca falta un buen samaritano, el Sr. McAlpin, en aquel entonces administrador de la aduana, les permitió vivir en la parte del hipódromo donde se quedaban los jockeys.

 

¿Oiga Don Gustavo, y qué recuerda de aquella época?, ¿cómo era la vida de Tijuana en aquel entonces?

—El ambiente cotidiano en Tijuana era de trabajo. La gente hacía sus cosas con la seguridad de que si trabajaban duro les iba a ir bien. Las familias emprendían juntas sus labores, desde los más chiquitos hasta los más grandes. Toda la gente se conocía, se apoyaba, se recomendaba, y se empezaba a sentir una identidad.

En la familia de Don Gustavo no era la excepción, él desde pequeño, ayudaba a su padre Don José González a vender mercancías de manera ambulante en la colonia Libertad, y posteriormente lo acompañaba a vender artesanías a las afueras del Casino Aguacaliente donde luego de que terminara la Ley Seca en EU, vieron ahí una oportunidad de negocio. Por las tardes, el pequeño Gustavo vendía cigarrillos en la Línea Internacional.

“En aquel entonces, todo mundo sabía que el casino podía ser una fuente de ingresos. La gente me buscaba, y a mí me gustaba platicar con todo mundo y observar qué necesitaban, para ver si yo se los podía conseguir. Esto, y el ejemplo de mi padre, me encaminaron hacia una vida entera dedicada al comercio”, comentó.

 

Una gran oportunidad

En tiempos de la segunda Guerra Mundial, una gran comunidad de japoneses vivía en la calle principal de Tijuana, la Avenida Revolución, pero tras darse el ataque de Japón a Pearl Harbor en 1941, a ellos se les reubicó por considerarlos una amenaza a nuestros vecinos al norte, y por ende a los aliados, con quienes estaba México.

 

¿Y cómo es que logró su familia Don Gustavo capitalizar lo ocurrido en la Avenida Revolución, y hacerse de la mitad de lo que ahora es el denominado Pasaje México?

—Poco después de que se acabó la guerra, las autoridades vendieron casas y terrenos dejados por los japoneses, y lo hicieron a través de un sorteo,  y así,  muchos comerciantes de Tijuana pudieron adquirir propiedades en la Revolución. A mi papá le tocó el pasaje, y años después, gracias a mucho trabajo, pude comprar al dueño la otra mitad.

Fue en 1945 cuando el Padre de Don Gustavo abrió su primera tienda de artesanías y algo de perfumería en la calle 3era del centro de Tijuana, y como dato curioso, la casita de muñecas japonesa que se encontraba en el Pasaje, permanece intacta en la casa de una de las hijas de Don Gustavo.

Posteriormente, siendo ya el Sr. González Espinosa dueño de todo el Pasaje México, lo consagró como un centro de artesanías con comerciantes de diferentes giros.

 

Le apostó a las importaciones finas

Dicen que en la vida no hay coincidencias, pero que sí se deben aprovechar las oportunidades cuando se presentan, es así como entra en la vida profesional de Don Gustavo González un personaje que fue clave en su trayectoria. Les hablo de un alemán exiliado de apellido Schwartz; un comerciante de perfumes que le enseñó a comprar en la Feria de Frankfurt de Alemania.

Su interés por conocer lo que se hacía en Europa, motivaron a Don Gustavo a entrar de lleno al negocio de las importaciones finas, y a convertirse en un experto en el tema, abriendo la legendaria tienda Imports en la calle 5ta.

 

Fundamental el apoyo de su esposa

En todo este tiempo, la esposa de Don Gustavo, Doña Emilia Raphael de quien se expresa muy bonito, se había dedicado al hogar, “a educar y formar a nuestros hijos, una gran mujer en toda la extensión de la palabra,  pero fue mi gran compañera en los viajes a Europa cuando íbamos a las ferias internacionales a diferentes ciudades a comprar artículos finos y novedosos para la tienda”. Evidentemente fue de mucha ayuda el gusto y toque femenino en la elección de las piezas.

Así, Don Gustavo empezó a traer a Tijuana hermosos artículos de la más alta calidad, producidos por casas de gran renombre como Lalique, Waterford, Baccarat, Capodimonte, Limoges, Lladró, Nao, y muchas más.

 

¿Y en aquella época, cómo lograban atrapar al consumidor?

—De lo más memorable, es lo que hacía Otilia (una de sus trabajadoras) que eran los moños para los regalos. Eran una belleza y una de las principales características de Imports. La gente los reconocía, y era muy bonito saber que adentro de esa envoltura había algo muy especial comprado en Imports. Mi afán siempre fue buscar finos y novedosos artículos, y me gustaba contarles a los clientes sobre las fábricas en las que se hacían, y las técnicas que las grandes casas utilizaban.

 

¿Sabemos que personajes muy importantes fueron sus clientes,  y que tuvo la oportunidad de conocerlos? Cuéntenos por favor

—Muchas personas famosas estuvieron en la tienda de todas partes del país y de Estados Unidos. Conocí gente como Pedro Infante, María Félix, el Gordo y el Flaco, y en tiempos posteriores, a Vicente Fernández, a Al Pacino, y a varios de los presidentes de México.

Cuenta Don Gustavo que las filas de regalos en la época navideña abarcaban la tienda completa, y se requería de toda la ayuda, y eran sus hijos sus principales ayudantes en temporadas altas, y juntos atendían a clientes de todas partes del país y del mundo.
¿Cuál considera qué fue la clave de su éxito?

Principalmente haberme hecho de diversos terrenos en la zona centro, y de locales en Plaza Río. Eso me permitió crecer mi negocio y ser muy activo en el área empresarial de Tijuana.

El reinventarse luego de que pasara el auge de las importaciones, sin duda también es algo que se le reconoce a un buen hombre de negocios, pues decidió abrir la tienda Casa del Ángel en 1993 que vendía artesanía mexicana fina en la Avenida Revolución, y durante muchos años, las importaciones se siguieron vendiendo, pero sólo por cita.

A sus 95 años de edad, Don Gustavo sigue trabajando todos los días con entusiasmo, y es tanta la admiración y cariño de hijos, nietos y bisnietos, que quisieran preservar el legado del abuelo.

En un proyecto actual, una de sus nietas, Laura Silvia Pompa González, está remodelando una sección exclusiva del Pasaje México donde se ha colocado mucha de la mercancía de colección que se encontraba en las bodegas de Don Gustavo González Espinosa.

 

—Y ¿qué opina Don Gustavo de lo que hoy por hoy está haciendo en el Pasaje México, una de sus nietas?

—Pues me da muchísimo gusto que la gente tenga interés por volver a hacer algo en el pasaje. Mi nieta lo ha hecho muy bien, y estoy seguro de que las nuevas generaciones lo van a convertir nuevamente en un espacio lleno de actividad.

 

En Breve…

Libro Favorito: El Quijote de la Mancha.

Artículo Indispensable: Mi cartera.

Música Favorita: Mi canción favorita es El Rey de José Alfredo Jiménez.

Mayor Fortaleza: Mi memoria.

Mayor Debilidad: Que siempre fui “workaholic”

Frase favorita: Me gusta preguntarle a mi familia, “Felicidad, dinero o salud ¿cuál escogerían?”

 

 

 

 

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