DISFRUTA EL MOMENTO

DISFRUTA EL MOMENTO
POR ANA GALENA

Recuerdo que en alguna ocasión vi un documental que mostraba cómo unos monjes tibetanos hacían un mándala de arena. Los mándalas son a la vez símbolos espirituales, y rituales  religiosos del hinduismo y budismo, que representan el universo. Se trata de dibujos circulares de diseño elaborado.

Crear este mándala podía tomarles un par de semanas o hasta un par de meses. Al terminar la pieza realizaban una pequeña ceremonia que finalizaba al barrer la obra de arte para no dejar rastro alguno de su existencia. Para los monjes, esta labor tiene el fin de practicar el desapego, y de poder disfrutar el presente.

La belleza efímera de estos mándalas tibetanos tuvieron un gran impacto en mí. En aquel gesto de entrega total a la creación de algo, aprendí a disfrutar, gozar y vivir el momento. Hace tan sólo una semana puse en práctica estas enseñanzas.

 

Poniendo en práctica

En una de mis visitas habituales a la distribuidora de flores, me topé con la sorpresa de que acababan de llegar Dahlias grandes y hermosas, de colores brillantes, espléndidas. No me pude resistir y compré veinticinco de ellas.

Las compré por puro gusto, a sabiendas de que son flores de corta vida, pues se marchitan rápidamente, y también reconociendo que no tenían un fin más que el de llenar mis ojos de su belleza cautivadora; aquellas flores atraparon mi corazón.

Ese mismo día tuve clases de diseño floral con mis alumnas. Al igual que yo, quedaron deslumbradas con la belleza de las Dahlias. Ese día, decidí obsequiar una flor a cada una de ellas, y pidiéndoles que les dieran un lugar especial en sus hogares, hice hincapié en lo poco que durarían. Mis alumnas salieron felices con sus flores.

Más tarde, decidí hacer un arreglo de flores para mí. En ese momento me llené de inspiración, conecté con el mundo de las flores, y la magia surgió y trabajó a mi favor. Yo gocé al máximo la experiencia.

Al terminar el arreglo lo puse en mi sala. Me senté a leer cerca de él, tomé el café por la mañana y el té por la tarde, observando aquellas flores que parecían casi un espejismo.

Fueron veinticuatro horas de mucha belleza, después, se marchitaron.

 

Enseñanza: Disfruta el momento

En mi vida me he privado de experiencias, sin tener en cuenta su brevedad, y el inevitable paso del tiempo. Nada sucede igual dos veces; todo cambia y las cosas siguen su curso. Al menos hoy me doy la oportunidad de detenerme y de disfrutar los momentos, porque se acaban, terminan, y eso mismo los carga de una belleza enorme.

Te invito a permitir que los pequeños placeres de la vida se conviertan en tus grandes goces. El presente es ahora, disfruta.

Con amor, Ana.

 

 

 

 

 

 

 

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