Cuando los hombres se deprimen

Cuando los hombres se deprimen

Por David Sotelo Félix

La depresión está aumentando no sólo en México sino en el mundo entero. Se ha convertido en una de los primeros diez motivos de consulta externa en el IMSS y en el ISSSTE, así como en hospitales de la Secretaría de Salud federales y estatales del país.

Se calcula que entre 2.5% y 3% (alrededor de 3 millones de la población) sufre de depresión que va desde leve hasta crónica en la República Mexicana.

Sin embargo, hay estimaciones de que 25 millones de mexicanos podrían desarrollar trastornos afectivos, es decir, depresión. Se estima que en los Estados Unidos sufren depresión alrededor de 6 millones de varones. En México algunos estudios calculan que alrededor del 5% de los hombres han experimentado depresión, pero es muy probable que el trastorno este sub-diagnosticado debido a la tendencia de los varones a callar sus problemas emocionales y a no buscar apoyo profesional. De hecho un estudio estima que toma 14 años para que un paciente deprimido obtenga la atención profesional especializada que requiere para su depresión. Pero veamos:

¿Cómo experimentan los hombres la depresión?

Hay diferencias que resulta útil conocer para entonces poder detectar y quizá sugerir una atención profesional.

Comencemos por reconocer que afecta a ambos sexos

Es parte de lo que puede afectar a cualquier ser humano, sea hombre o mujer, y aunque en el pasado se ha tendido a asociar la depresión más con las mujeres, esto quizá tenga más que ver con el “permiso” que tradicionalmente se han dado a sí mismas (y la sociedad en general) para admitir y expresar sus emociones. Mientras que el varón aún cree que tiene que mostrarse siempre fuerte y ecuánime ante los retos de la vida.

La verdad es que en ambos sexos, la depresión tiene un efecto disruptivo en el diario vivir

Hay una pérdida de interés en aquello que normalmente causa placer; hay también fatiga, cambios en el apetito y ciclo de sueño, así como apatía generalizada. En las mujeres es común que reporten sentimientos de tristeza y minusvalía, mientras que los hombres son más dados a retraerse, sentirse irritables, agresivos y hasta hostiles.
Entonces es más fácil que una mujer exprese y se le acepte socialmente el que se sienta triste, y de ahí para llegar al diagnóstico de depresión es más fácil y claro. Mientras que el hombre podrá aceptar y reconocer socialmente que se siente muy cansado, irritable o enojado, pero no tan fácil brincar de estos síntomas, a la conclusión de que está deprimido ¿verdad? Si a esto le agregamos la tendencia masculina a auto medicarse a través del alcohol y las drogas, así como el evadir sus sentimientos echándose un clavado en el trabajo, podemos entonces comprender, cómo muchos que necesitan tratamiento para su depresión, ni siquiera saben que la sufren.

¿Qué hacer?

Los varones necesitamos actualizar nuestros conceptos de masculinidad, de tal manera que éste incluya el reconocimiento de los sentimientos tradicionalmente asociados a la “feminidad”, o equivocadamente a la “debilidad”, como parte de los sentimientos y emociones del ser humano. Ver como propios de la experiencia masculina la tristeza, el miedo, la inseguridad y la incertidumbre. Que no siempre somos fuertes, que no siempre tenemos las respuestas y las soluciones, que no siempre salimos victoriosos y que en esos momentos de fragilidad y derrota se encuentran las más profundas enseñanzas de la vida. Éstas se convierten en la base de una vida con mayor sabiduría y gozo.

En muchas ocasiones podemos hacer estas exploraciones solos y por nuestra cuenta, pero en muchas otras, ocuparemos de guía, y del saber confiar y seguir.

*El autor es Psicólogo Clínico terapeuta de adultos y parejas y Director de DASFE Grupo Psicológico.

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