Cuando lo que no sabes  sí te hace daño

Cuando lo que no sabes  sí te hace daño

TU PAREJA

 

 Por Daniel Vázquez

 A mi consultorio llegan muchas parejas buscando ayuda. Tienen problemas matrimoniales y mi trabajo es detectar qué es lo que los está detonando, para ayudarles en su solución y que la convivencia sea lo más armónica posible. Pero a veces la respuesta al conflicto está en algo que no sabemos ni imaginamos que nos está dañando.

 

Les cuento….

Elizabeth tenía todo para ser feliz y sentirse entusiasmada por la vida. Mujer en sus cuarentas, madre y profesionista exitosa. Se había divorciado hacía algunos años y quedaba por ahí algún tema pendiente con su ex marido, pero nada que le quitara el sueño.

Sus hijos, un adolescente, una hija y otro hijo en sus veintes con estudios universitarios y trabajo, y una hija recién en sus treintas, ya casada. Como madre aún tenía trabajo por delante, pero hasta entonces había hecho las cosas muy bien, aunque faltaba algo.

Pero… algo faltaba

En un inicio, Elizabeth acudió a consulta conmigo por un tema con su ex marido. Sin embargo, después de varias sesiones y varios temas sobre su familia, su trabajo y su familia de origen nos fuimos dando cuenta (cliente y terapeuta) que a pesar de esos temas estar resueltos, tanto pasados como presentes, algo seguía faltando.

Me decía que por las mañanas se levantaba porque tenía que ir a trabajar, pero a pesar de apasionarle su trabajo, ya no sentía ese entusiasmo por hacerlo. Ya habíamos observado también que, como muchas mujeres, estaba centrada en su trabajo y familia pero no estaba dedicando tiempo a su persona, a cosas que a ella le agradaran como algún deporte o pasatiempo.

Pero cuando explorábamos actividades que ella alguna vez había disfrutado o que le llamaban la atención, no había chispa. Me platicaba que le encantaba bailar, pero no sentía ganas de salir con las amigas un fin de semana a bailar, o tomar alguna clase de baile. Parecía que nada la podía entusiasmar.

Su pasividad y retraimiento ya se empezaba a notar en la interacción con sus hijos. Empezaba a haber algunos episodios de falta de respeto de parte de sus hijas, ante lo cual ella había respondido de manera muy tibia, lo cual no la caracterizaba ni como profesionista ni como mamá.

¿Qué estaba pasando?

Un buen día, al final de la sesión ella me comentó que iría a hacerse unos análisis de laboratorio, entre ellos un perfil hormonal para ver cómo andaba. Es cuando comprendí lo que faltaba. Sin conocer aún los resultados de los análisis, yo podía apostar que con esos análisis encontraríamos el eslabón perdido.

Un par de años atrás había estudiado a Louann Brizendine, una neuropsiquiatra norteamericana, autora de los libros ‘El cerebro femenino’ y ‘El cerebro masculino’, donde explica el impacto de las hormonas en nuestra conducta, así como los tratamientos modernos que existen. Sin embargo, ¡yo no había considerado el rol de las hormonas en la ecuación! No dejaba de reprocharme a mí mismo no haber pensado en ese factor desde un principio. Pero lo que no está en tu paradigma no existe, simplemente tu radar no lo detecta. Y así me sucedió a mí.

Nunca más volvería a pasar por alto el factor hormonal, y desde entonces he desarrollado un fino olfato para este tipo de casos, por lo que hoy en día si sospecho algún desequilibrio hormonal detrás de la situación de mi cliente, solicito un perfil hormonal para confirmar o descartar un problema de ese tipo.

Influyen las hormonas

El perfil es revisado por un médico especialista en medicina regenerativa, quien de confirmar un desbalance, recomienda estudios adicionales para en caso de que el cliente desee tomar el tratamiento correspondiente.

Elizabeth resultó con niveles bajos de estradiol y progesterona. El estradiol (estrógenos) está directamente relacionado con la oxitocina, dopamina y serotonina, neurotransmisores que nos permiten disfrutar y tener hambre por la vida. La progesterona, en palabras de Brizendine, es el Valium del cerebro, relajante natural.

¡Con razón! ¿Así cómo iba Elizabeth a sentir entusiasmo por la vida? Por más recomendaciones psicoterapéuticas que yo hiciera, jamás habría salido Elizabeth de su letargo existencial. Dos meses después de la última cita me llamó para comentarme los resultados de sus análisis y que su médico le había dado un tratamiento de reemplazo hormonal con hormonas bioidénticas. Volvimos a agendar otra sesión.

Elizabeth era otra. Poseía un nuevo brillo en su mirada y una sonrisa que no le conocía. También me platicó cómo estaba manejando ahora la interacción con sus hijos y que había empezado a ir a bailar salsa con sus amigas. Sin duda ella era otra persona.

Desde entonces, Elizabeth continúa sintiéndose muy bien y bailando salsa. Yo he tenido otros casos de clientes con desbalances hormonales, tanto hombres como mujeres en sus treintas y cuarentas. Quienes han tomado tratamiento han experimentado una mejora en su calidad de vida.

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