Cuando el miedo se vuelve una fobia

Cuando el miedo se vuelve una fobia

Por Graciela Jiménez Trejo

“La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría,

una dimensión que desemboca en la soledad”

Pablo Neruda

Cuántas veces hemos llegado a escuchar las palabras miedo o fobia, en ocasiones las utilizamos como sinónimos o las empleamos de manera similar, pero en realidad poseen ciertas diferencias.

Miedo o temor es una emoción que la mayoría de las veces es desagradable, que se origina por una percepción de peligro; el temor es hacia algo concreto o específico, y se puede considerar como un sentimiento racional que en cierto momento pudiera ayudarnos a escapar de un peligro y mantenernos a salvo; por lo tanto, podríamos comentar que el miedo tiene un importante valor adaptativo para la supervivencia de la especie. Normalmente cuando hablamos de miedo adaptativo nos referimos a un conjunto de sensaciones que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales.

En cuanto a la fobia, la palabra deriva del griego Fobos que significa pánico (Fobos en la mitología griega fue hijo de Ares y Afrodita, quien es la personificación del temor y el horror), en la actualidad empleamos esta palabra para referirnos a un miedo intenso, irracional y desproporcionado que es originado o desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto, una situación y/o un animal.

Con lo antes mencionado podemos decir que fobia no es sólo un miedo (una emoción) es una reacción desbordada de la forma como reaccionamos hacia cierto estímulo, el cual denominaremos estímulo fóbico, y dicha reacción tanto física como psicológica de la persona es tan intensa que le produce problemas en su vida cotidiana. Cuando se tiene una fobia la misma persona reconoce que la respuesta hacia el estímulo fóbico es exagerada; sin embargo, es difícil que llegue a tener control de dicha situación sin una ayuda o preparación previa.

Tipos de fobias

Se estima que cerca del 12.5% de la población mundial cursa con algún tipo de fobia, aunque puede variar el contenido entre los hombres (quienes presentan fobia hacia algunas situaciones) y las mujeres (quienes presentan fobia hacia algunos animales).

Podemos hablar que existen diversas fobias; sin embargo, para fines prácticos en el DSM V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), podemos clasificarlas con base  en el estímulo fóbico en las siguientes: fobia a los animales (arañas, ratones, insectos, etc.), entorno natural (altura, tormentas, agua, etc), sangre-inyección-herida (agujas, procedimientos médicos invasivos, miedo a una lesión, etc.) y situacionales (avión, ascensor, sitios cerrados, etc.).

En numerosos casos las fobias no vienen solas, esto que quiere decir que las personas que sufren algún tipo de fobia también pueden estar padeciendo algún otro trastorno de ansiedad o algún otro trastorno psiquiátrico (ansiedad generalizada, otras fobias, trastorno depresivos, ataques de pánico,  ansiedad por separación, etc.), lo que conlleva que la discapacidad o la disfunción de la persona se incremente.

Las fobias pueden llegar a presentarse desde edades muy tempranas como entre los 7 a 8 años, sin embargo también existen casos que se desarrollan o se detectan alrededor de los 20 a 25 años, sobre todo las fobias situacionales (conducir, a las alturas, espacios encerrados, entre otros). En la infancia se presentan con mayor prevalencia las fobias a los animales y en el caso de las fobias a sangre-inyecciones-herida puede tener un patrón familiar, por la convivencia y observación de esquemas familiares no por índole genético.

Los síntomas

Los síntomas que se pueden presentar son el miedo o ansiedad intensa desproporcionados en comparación al peligro real que se pueda estar suscitando, son de inicio inmediato al estar expuestos al estímulo fóbico o al solo hecho de pensar o imaginarse dicho estímulo, los síntomas son persistentes, ocasionan malestar y deterioro social, laboral y/o familiar; pero también existen síntomas físicos que se producen cuando uno se expone al estímulo fóbico como son taquicardia, diaforesis, temblor generalizado, sensación de desmayo o de falta de aire, pero un síntoma que predomina es la sensación de estar expuestos a un peligro inminente donde su vida está en riesgo.

No todas las personas pueden cursar con los síntomas antes mencionados, ya que depende de su fobia, edad y vivencias previas, los que en ocasiones pueden reaccionar de diferente manera son los niños, ya que en su caso esta conceptualización de que es irracional el miedo puede no estar presente, y los síntomas que llegan a cursar se caracterizan por llanto incontrolable, rabietas, se pueden quedar paralizados o aferrarse a un adulto.

No buscan ayuda

Se ha documentando que en ocasiones las fobias que se desarrollan en la infancia y adolescencia pueden remitir con la edad, sin embargo lo que se ha observado con mayor frecuencia es que ya en la edad adulta las personas cursen con un trastorno crónico. La mayoría de los pacientes no suele buscar ayuda, ya que es visto como algo común o como una característica muy particular por parte de ellos; sin embargo, esto no quiere decir que no necesiten ayuda.

Cuando la fobia ocasiona gran disfunción a nivel social, laboral, familiar y/o escolar, es cuando los pacientes suelen pedir ayudar. El tratamiento debe ser individualizado, en algunos casos se puede utilizar solamente farmacoterapia, basada en antidepresivos y ansiolíticos; en otros, psicoterapia (técnicas de relajación, exposición en vivo frente a exposición en imágenes, desensibilización sistemática), sin embargo lo que ha demostrado mayor eficacia es un tratamiento multidisciplinario donde se brinde tanto atención psicológica como psiquiátrica.

Por lo tanto si usted o alguien cercano padece una fobia, recuerde que o se encuentra solo, busque orientación con un especialista de la salud que le puede ayudar a sobreponerse de este problema.

La autora es médico psiquiatra del Hospial de Salud Mental, es egresada del Hospital de Especialidades Centro Médico Nacional Siglo XXI y cuenta con la maestría en Psicología con concentrado en criminología.

 

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