Chardonnay

Chardonnay

Por Dionisio del Valle

 

Soy el orgullo de mis padres: la Pinot Noir y el versátil vidueño conocido con el nombre de Gouais, por cierto de origen serbio, según reza mi acta de nacimiento. Soy, de las uvas blancas, la más famosa de todas. Mi piel es verde y delicada, proclive a ciertas enfermedades de la uva, por lo que requiero de mucha atención en el viñedo. Conmigo se elaboran los vinos blancos más famosos del mundo, en Francia, en la región de Borgoña, para ser exactos.

Mis hojas son grandes y frondosas, por lo que, durante los días post invernales me someten a una poda intensiva y al manejo de la llamada canopia, que es algo así como un salón de belleza a domicilio, en el que me practican aclareos, recortes y supresión de racimos para concentrar vigor y fuerza. Me dejan, como decían las abuelas, con peinado de casquete corto, para no perderme de los beneficios del calor del sol y la luz del día.

Existen clones míos que se han convertido en verdaderas sub variedades. Los clones son hijos de una cepa madre, a la que se busca por la calidad y consistencia de sus frutos pretendiendo que su descendencia tenga idénticas características varietales. En la fiesta brava sería algo parecido al indulto de un toro, si me permiten la comparación.

Mi principal característica

Mis rendimientos son bajos en general y es que los enólogos buscan la concentración por arriba de la cantidad. La razón es que, a lo largo de tantos años, quienes me cultivan se han convencido que nada es más importante, en mi caso cuando menos, que la finura de un vino sobre cualquier otra característica. En Francia, mi tierra, soy la materia prima de los grandes Crus de Chablis y los inigualables Montrachets, como el Puligny-Montrachet, el Chassagne-Montrachet o el glorioso Corton-Charlemagne.

Los suelos en donde más me gusta ser plantada son los calizos y arcillosos, de ahí esa expresión aromática mineral, inconfundible en los mejores vinos elaborados con mis frutos. Quizás ya lo saben, pero les recuerdo que de la mano de la Pinot Noir y de la Pinot Meuniere, dos variedades tintas, producimos la famosa y burbujeante Champaña.

Soy muy adaptable, quizás esa sea la razón por la que no hay uva blanca que me gane en popularidad a nivel mundial. En ocasiones me dejan reposar en barricas de roble por unos meses y entonces, además de mis notas típicas de manzana verde, pera y ciruela dulce puedo regalar aromas que recuerdan a la avellana y a la nuez y los olores del tostado. En lugares fríos en los que retrasan un poco la aparición de mis brotes a través de podas agresivas en espera de un clima más benigno, mis vinos pueden evocar notas florales muy sutiles.

Mis mejores acompañantes

Me llevo de maravilla con todo tipo de conchas, en especial cuando no toco la madera y con pescados y mariscos cocinados cuando pasé por la barrica de roble antes de ser embotellado.

Vinos buenos elaborados conmigo en México hay varios. Uno de los mejores es Piedra de Sol 2013, de Casa de Piedra. Un vino con una acidez por demás elegante, redondo y con notas que nos recuerdan el olor de la manzana, el melón y la pera y un final largo y persistente. El Casa Grande Chardonnay 2013 de Casa Madero, un vino elegante, de intensos aromas cítricos y un final largo, armonioso. También me utilizan en la bodega L.A. Cetto para su Chardonnay 2013, cuya relación de precio y calidad es muy buena.

Cuando vayan a disfrutar de una tostada de cebiche, de jaiba o de pulpo, un coctel de erizo o una docena de almejas o de ostiones naturales, no se olviden que ahí estoy para acompañar con alegría y elegancia los frutos del mar nuestro de cada día.

 

La variedad Chardonnay es la uva blanca más plantada en el mundo, después de la Airén española.

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