Aprendiendo de nuestros hijos

Aprendiendo de nuestros hijos

Por  José Carlos Tellaeche

El rol de un padre como todos sabemos, es enseñar, guiar, educar e instruir a nuestros hijos, entre muchas otras cosas. Aún es nuestra responsabilidad seguir aprendiendo a vivir, ya que el día que creemos que lo sabemos todo es el momento en que nos damos cuenta de que en realidad no sabemos nada. Es importante como adultos aprender todo lo que nos tienen que enseñar nuestros hijos. Esa gran sabiduría disfrazada de un ser pequeño.

Pareciere que los adultos, en vez de crecer en aprendizaje, nos volvemos limitados y quizá un poco tontos. Los mapas mentales que hemos creado y adquirido muchas veces nos roban esa libertad que tanto anhelamos. Nuestro ego adulto no concibe la posibilidad de aprender de un niño por nuestra creencia de superioridad, cuando la realidad es que si abrimos nuestros ojos y somos más sensibles nos podemos dar cuenta de la infinidad de cosas que nuestros hijos nos pueden enseñar y por tanto, la infinidad de cosas que los adultos tenemos aún por aprender.

Los niños son seres auténticos y genuinos, improvisan sin juicios. Se permiten expresarse sin preocuparse en qué pensarán los demás. Si algo les da risa se carcajean, si se lastiman lloran, si algo les da curiosidad se acercan, si desconocen algo preguntan. No cuestionan simplemente hacen, viven el momento con total intensidad, sin reservas para mañana.

Nuestros hijos son el futuro, la generación que dominará el mundo. Enseñémosles cómo vivir sabiamente, cómo amar a su prójimo, a respetar a los demás y servir entre muchas otras cosas. Mientras tanto adultos, seamos suficientemente humildes para aprender todo aquello que nos tienen por enseñar nuestros hijos.

“La persona sabia sabe escuchar”.

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