Ahogando las penas en alcohol

Ahogando las penas en alcohol

Ahogando las penas en alcohol

 POR DRA. GRACIELA JIMÉNEZ

 

En las fiestas decembrinas como las posadas, la cena de Nochebuena y la celebración de fin del año, el alcohol se vuelve uno de los elementos indispensables; acompaña desde el inicio hasta el final de la celebración. En algunos casos aligera la presión de la festividad o ameniza el ambiente, porque mientras uno va tomando las primeras copas el ánimo se va calentando y se rompe el hielo, aunque la alegría da paso a seguir tomando las siguientes copas.

Los villancicos y el brindis, son la excusa perfecta para abrir las siguientes botellas. La jocosidad, la familiaridad y el envalentonamiento comienzan a figurar en la celebración; la persona comienza a actuar de manera ofensiva para algunos, mientras que para otros se vuelve motivo de burla y exhibición.

 

La triste realidad

Afortunadamente para la persona en cuestión, la memoria le ayuda a no registrar el desfiguro en que se ha visto envuelto. A la mañana siguiente, el despertar resultará difícil, invadirán el dolor de cabeza y del cuerpo, un poco de náusea e intolerancia a la luz, sin olvidar el malestar estomacal y el ardor en la garganta.

En ese momento es cuando la persona se da cuenta que ha vuelto a sucumbir al uso de alcohol, lo que se está volviendo más seguido, y que en otras ocasiones ya le ha provocado pérdidas como su pareja o empleo.

La realidad sucumbe y explota cuando se observa al espejo, examinando las marcas y las consecuencias de la noche previa, pero sin lograr recordar los eventos que desencadenaron el consumir alcohol en exceso.

 

“Me gusta el licor. Su sabor y sus efectos.

Y esa es la razón por la que nunca he de beber”.

Thomas Jackson

 

El alcoholismo es una enfermedad

El alcoholismo o los trastornos por el uso de alcohol constituyen una enfermedad para quienes lo padecen, aunque muchos creen que se trata de una inmoralidad, un castigo o una debilidad. Estas últimas posturas han fomentado creencias erróneas, evitando que se busque la ayuda de manera oportuna, por el miedo a ser etiquetados o encerrados.

Cuando una persona padece un trastorno por el uso excesivo del alcohol, presenta problemas para controlar la cantidad de alcohol que se ingiere, y dificultad para evitar consumirlo, a pesar de conocer de las consecuencias físicas, sociales, económicas y familiares.

La persona presenta un fuerte antojo hacia el alcohol, y a lo largo del día piensa de manera constante en tomar; cuando no toma muestra enojo o ansiedad.

Otra situación muy común es la negación para reconocer que hay un problema. Existen frases como “yo tomo cuando quiero”, “no soy alcohólico porque no tomo todos los días”, “ustedes ven mal algo que no es”; esto provoca distanciamiento y rencor con las personas cercanas. Se vuelve una barrera para no buscar atención, persistiendo con sus hábitos sin detenerse a pensar en las consecuencias.

 

La depresión y el alcohol

 

Una de las principales preguntas que surgen es: ¿cuál es el motivo por el que una persona presenta problemas con la manera de tomar?

Existen varias causas, una de ellas es padecer un trastorno psiquiátrico como la depresión mayor. En muchas ocasiones cuando una persona padece un trastorno del estado de ánimo asociado a diversos problemas, en lugar de buscar la ayuda de un profesional, prefiere una salida de emergencia.

Piense en una persona que durante el último mes se encuentre con demasiada tristeza, preocupación constante, dificultad para dormir y comer de manera adecuada; que piensa que todo está mal o se siente menos que los demás, con un malestar que no se quita y va aumentando, ocasionándole problemas para realizar sus actividades diarias, o en su manera de relacionarse con los demás, y un día descubre que, al tomar una copa de alcohol, el malestar que le invadía se retira, relajándose y permitiéndole realizar sus actividades.

Aquí es cuando empieza el problema porque la persona toma para sentirse más tranquila.

Consumir bebidas alcohólicas se vuelve una práctica recurrente, y conforme pasa el tiempo, en lugar de tomar una copa, toma dos, cuatro o más, porque el cuerpo se acostumbra al efecto y se vuelve tolerante. Y entonces cuando se retira de golpe el consumo de alcohol, el cuerpo y la mente lo piden, volviendo a la persona intolerante, explosiva y ansiosa, necesitando consumir alcohol.

Por ello es importante que si una persona está presentando cambios en su estado de ánimo, sufrimiento y problemas por cambios recientes en su vida; en lugar de refugiarse en la bebida, es más conveniente apoyarse en un profesional como un psiquiatra o un psicólogo, quien le escuchará atentamente, no lo etiquetará, y le ayudará a superar esta adversidad buscando el tratamiento más adecuado.

Recuerde que consumir alcohol no es malo, el problema es cuando uno no logra controlar la cantidad y busca aliviar el dolor. Una fiesta se disfruta cuando uno forma parte de la fiesta y no cuando se vuelve la fiesta de otros. La peor ayuda es la que uno no busca, por miedo o enojo a ser señalado.

 

*La autora es Médico Psiquiatra @psytjpsiquiatria

 

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