A NOSOTROS EL CÁNCER NOS DESPOJÓ DE LA FELICIDAD

A NOSOTROS EL CÁNCER NOS DESPOJÓ DE LA FELICIDAD

 

Por Luis Carlos Ayala

 

Fue hace poco más de seis años, precisamente el diez de mayo del 2010, después de haber cumplido con nuestros compromisos familiares, ya en nuestra intimidad, mi mujer me dijo: Luis Carlos, tengo una bolita cerca de mi seno izquierdo. Sinceramente no nos causó ninguna emoción, tampoco nos impaciento, pues ella, durante ocho años, se practicó los estudios llamados mamografías, obteniendo siempre resultados negativos. Por ello la bolita no nos inquietó ni nos alarmó, sin embargo debo de decir, que a partir de ese momento empezó nuestro calvario.

Sí, estoy hablando de Janeth Padilla Mendoza, mi esposa, el amor de mi vida, una mujer puro cariño, todo amor, sólo dulzura, una dama admirable, una señora distinguida, bonita en su interior, preciosa en su exterior, “my sweet heart”, con quien tuve la fortuna de convivir 29 años, y con quien formamos una familia ejemplar.

 

DIAGNÓSTICO POSITIVO

En el mes de septiembre de aquel año, nos dieron la horrible noticia de que aquella “bolita insignificante” de dos milímetros de tamaño, a la que no consideramos una amenaza, era cáncer. Se tenía que intervenir quirúrgicamente, inmediatamente: ¡sí, mi Janeth tenía cáncer de mama!

Fueron 4 años 10 meses de vivir con zozobra, de levantarnos con la ilusión y la esperanza de decir ya no más, de pedirle a Dios que el cáncer no regresara, de esperar a que se cumplieran los 5 años y nos dieran la noticia de que mi esposa era remisa, que su enfermedad ya había quedado atrás, y que era parte de su historia; no fue el caso.

 

METÁSTASIS MASIVA

A finales de julio del 2015, Janeth empezó con un dolor en la espalda baja que detonó en una invasión inesperada en todo su cuerpo, metástasis masiva en cerebro, espina dorsal, huesos, pulmones e hígado.

A nosotros el cáncer nos despojó de la felicidad, a mí me robo a mi pareja a mi compañera de vida, y a mis hijos les quitó a su madre. Esa enfermedad entró sin invitación a nuestra morada y se estableció en el centro de nuestra mesa, nos acompañó sin querer a todos los lugares, nos oscureció la vida, nos apagó por dentro, nos dejó sin la piedra más fuerte que hay en el hogar (la mujer de la casa), la figura de esposa, la imagen de madre.

Sólo se puede apreciar plenamente la magnitud del impacto que el cáncer causa en un individuo y en la familia cuando esta devastadora enfermedad nos asesta un golpe mortal.

 

INVITACIÓN A LA AUTOEXPLORACIÓN

Fue así que durante los últimos once meses, sabiendo ella que su enfermedad era terminal, me pidió que invitara a cada mujer que tuviera la oportunidad de leer estas líneas, a que se autoexploren, que se revisen; la detección temprana de la enfermedad, es mucho más tratable, es más fácil darle seguimiento, y naturalmente existen mayores posibilidades de curación y recuperación; háblenlo abiertamente con su médico, de esta forma habrá capacidad de reducir la viabilidad de las muertes causadas por esta desgastante enfermedad llamada cáncer de seno.

 

 

Comentarios

comentarios